Hoy por hoy

Rendición de cuentas y transparencia. Un buen gobierno no le temería a estas dos palabras, pero en este, solo oírlas produce una reacción en cadena que va desde el disgusto de los funcionarios y negarse a entregar información de carácter pública, hasta campañas de difamación en las redes sociales. Pero como ciudadanos, es nuestro derecho exigir explicaciones, y darlas es el deber de los funcionarios, por más urticarias que le produzcan. Por ejemplo, a los ciudadanos nos gustaría que nos explicaran cómo se han gastado los $100 millones destinados a paliar los daños causados por las inundaciones el pasado mes de noviembre. Nadie se ha tomado el trabajo de informar cuál ha sido el destino de este dinero. Darnos esas explicaciones es rendir cuentas. Y en cuanto a la transparencia, es sorprendente que la Contraloría, la llamada a velar por este tema, sea parte del problema. ¿O es que allí creen que renunciar a la inspección previa de las obras del Estado en esta pandemia es transparencia? Renunciar a esa tarea es faltar a sus deberes, por más que quieran legalizarlo . Exigir todos los días transparencia y rendición de cuentas es extenuante, pero necesario, y es nuestro derecho hacerlo.

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