Hoy por hoy

La decisión de suspender actos masivos tradicionales, como la procesión del Cristo Negro de Portobelo y los carnavales del próximo año, puede ser dolorosa, pero es absolutamente necesaria bajo las actuales circunstancias de pandemia.De hecho, urge un pronunciamiento similar respecto a los desfiles patrios, para que nadie se haga la idea peregrina de que sí se celebrarán. Aunque faltan cuatro meses y medio para los carnavales, hay que aceptar desde ahora que no habrá nada y ni por asomo abrigar la esperanza de que el Minsa cambiará de opinión. La suspensión no debía tomarnos por sorpresa, pues lo contrario habría sido interpretado como una medida impensada, incluso improvisada e irresponsable. Todavía hay quien reprocha por qué no se cancelaron los de febrero de este año, cuando la llegada del virus a Panamá era inminente. Hay que ser enfático en el hecho de que aún convivimos con el virus y, aunque los casos disminuyen paulatinamente,persiste el peligro de rebrotes, como ha ocurrido en otros países. Las decisiones que se tomen desde ya, seguramente salven vidas. Ahora nos toca a todos -incluidas las autoridades- cumplir esta nueva limitación.

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