Por increíble que pueda parecer, los inicios de la escultura como género artístico en Panamá, se remontan 2000 años A.C. cuando los aborígenes asentados en la región de Volcán (Chiriquí) dejaron su extraordinario legado escultórico en el centro ceremonial de Barriles, descubierto accidentalmente en 1947. Las enormes y complejas figuras antropomórficas talladas en piedra por los artistas de esta cultura ancestral, son una prueba indudable de la exquisita capacidad artística de los primeros habitantes de Panamá.

Sin embargo, contrario a lo que podría pensarse, en tiempos modernos la tradición escultórica en el marco de la evolución y compendio de las artes plásticas en nuestro país, no es tan significativa ni tan valorada, como la pintura, por ejemplo. Hoy, probablemente las esculturas del maestro Arboleda dispuestas en algunos sitios importantes del país, sean las más conocidas y constituyen de paso lo más significativo y relevante, en cuanto a la producción escultórica nacional se refiere.

Plenamente consciente de esta cruda realidad y pese a ella, hace ya más de cinco décadas, Yun Fuentes, un chiricano nacido en Boquete demostró su natural inclinación por el arte y se dejó subyugar por la escultura. Tomó la decisión de vivir del arte, acometiendo la tarea de perfeccionar su técnica con el estudio y la experimentación constantes.

El señor de las garzas
El Chela Yun, como se le conoce en el ambiente artístico de la provincia, viajó a mediados de la década de 1980 a Cartagena, Colombia, donde recibió enseñanzas del maestro Pablo E. Rossi, quién le proporcionó la técnica y los conocimientos básicos para desarrollar su talento en la escultura. Cortesía

El Chela Yun (Chela significa discípulo en lengua hindú) como se le conoce en el ambiente artístico de la provincia, viajó a mediados de la década de los 80 a Cartagena Colombia, donde recibió enseñanzas del maestro Pablo E. Rossi, quién le proporcionó la técnica y los conocimientos básicos para desarrollar su talento en la escultura.

A partir de ese momento, en su taller del barrio Bolívar (David) donde vive con su esposa Nadia y sus hijos Alan, Donthy y Bethel -también dedicados al arte-, realizó sus primeras esculturas, aprovechando las caprichosas formas de troncos retorcidos que encontraba en la playa. Estos primeros trabajos artesanales dieron paso a formas más elaboradas y artísticas, utilizando elementos como el mármol y la fibra de vidrio. Empezó a plasmar con estos materiales, las formas lúdicas de sus garzas, que hoy distinguen como tema emblemático su trabajo escultórico.

El efecto visual de sus garzas tiene que ver con un sentido del ritmo, que no es sino expresión de la energía vital que encierran, así como, la plena comprensión de la naturaleza, por parte del artista. El poder evocador de sus garzas, constituye una nueva forma de ver y realizar la escultura figurativa con singular sencillez. Como él mismo afirma: “se puede decir mucho con pocas palabras y nada con grandes discursos”.

El señor de las garzas
Chela Yun no limita su trabajo a las garzas. También construyó el monumento a los bomberos caídos que está en el cementerio de David; restauró el monumento a las madres, una escultura de bronce que por décadas estuvo opacada por capas y capas de pintura. Cortesía

Yun conserva cierto gusto por el primitivismo de sus primeros trabajos. Su creación plástica, si bien constituye una medida natural de su percepción, con la que quiere representar la realidad en su más adecuada forma, dicha realidad resulta a la vez subjetiva, pues pertenece al espacio o al entorno, que sus esculturas reclaman. El artista no quiere engañar al ojo, sino mostrar en el movimiento casual de sus garzas, una curiosa y sin par solución al compromiso entre la intensidad del recuerdo y la confusión del olvido.

Sus garzas embellecen muchos jardines de residencias en diferentes puntos del país, de donde recibe pedidos a diario. Algunas de ellas han sido adquiridas por turistas extranjeros incluyendo el ya desaparecido actor Sean Connery quien se llevó una consigo la última vez que estuvo de visita en Panamá, hace ya muchos años.

Por supuesto el Chela Yun no limita su creatividad solo a las garzas. Ha realizado así mismo, trabajos escultóricos de gran magnitud como por ejemplo el monumento a los bomberos caídos, ubicado en el cementerio de David, entre otros. Del mismo modo con igual dedicación, esmero y profesionalismo, realiza trabajos de restauración de monumentos históricos. Uno de ellos fue la restauración del monumento a Las Madres chiricanas, una extraordinaria escultura en bronce, que permaneció por décadas bajo innumerables capas de pintura que opacaban su esplendor y belleza.

En efecto, desde el punto de vista estético, la obra de arte nace en el momento en que significa algo para alguien. Es como si parte del artista viviera en ella, esperando a ser interpretado por un espectador curioso, a fin de establecer un diálogo único con cada nueva mirada.

Así pues, el éxito y reconocimiento que como escultor se ha ganado a pulso el Chela Yun, al igual que sus hijos, quienes han continuado su legado, nos llena de regocijo, especialmente por ser uno de los pocos artistas consagrados en Panamá, que ha logrado romper el mito de que no se puede vivir del arte en nuestro país. En hora buena por ello, y a través de estas líneas, va nuestro estímulo y voz de aliento al Señor de las Garzas.