Las relaciones diplomáticas entre Panamá y China se establecieron bajo el principio de una sola China, con base en la Resolución 2758 de 1971 de las Naciones Unidas, que reconoce a partir de esa fecha a la República Popular China como el único representante del pueblo chino ante las Naciones Unidas. Desde ese año, Taiwán dejó de ser parte de ese organismo mundial. El establecimiento de relaciones con China significó un paso geoestratégico importante dado el posicionamiento de Panamá como país nexo, país enlace, lo que es reconocido desde siglos antes de nuestra independencia en 1903. Debe tenerse en cuenta que China tiene relaciones diplomáticas con 180 países miembros de las Naciones Unidas, mientras que Taiwán solamente mantiene relaciones diplomáticas con 12 países, en su mayoría pequeños.
A raíz de las reformas económicas y políticas en China iniciadas en 1978 por Deng Xiaoping y desarrolladas por el presidente Xi Jinping, el gobierno chino realizó profundas modificaciones a su estructura de gobierno, abriendo las puertas a la globalización y convirtiéndose en una economía abierta y un gran mercado de mil cuatrocientos millones de habitantes. Esto ha determinado que China se sitúe como la segunda economía del mundo, superada únicamente por Estados Unidos. A partir del establecimiento de relaciones diplomáticas, las exportaciones panameñas a China registraron un incremento considerable. Por ejemplo, en tan solo un año, en 2018, las exportaciones panameñas de café a China se multiplicaron por más de ocho. En 2025, el valor de las exportaciones panameñas de café a China creció un 79.4% anual. Además, se registraron incrementos similares o superiores en las exportaciones panameñas hacia China en los rubros de harina de pescado y carne de res congelada, entre otros.
La inversión china en Panamá, según información oficial de ese país, pasó de 270 millones de dólares estadounidenses en 2016 a 1,950 millones de dólares en 2025, una cifra más de siete veces superior a la registrada antes del establecimiento de relaciones diplomáticas. Actualmente, más de 40 empresas chinas de gran envergadura operan en Panamá. Entre ellas, 19 han establecido en el país sus centros regionales. Además, más de 200 empresas privadas chinas se dedican al comercio en la Zona Libre de Colón. Las empresas chinas han generado aproximadamente 8,700 empleos directos y un sinnúmero de empleos indirectos en Panamá.
Por otro lado, China mantiene su cooperación con Panamá a través de asistencia no reembolsable, mediante programas de desarrollo de recursos humanos de corta duración, contribuyendo a la capacitación de cerca de 10.000 profesionales panameños. Igualmente, muchos panameños han sido becados por el Gobierno de China para realizar estudios en prestigiosas universidades de ese país, lo cual podría incrementarse sustancialmente si existiera voluntad política del Gobierno de Panamá.
Llama la atención que hayan surgido voces que plantean, sin ningún fundamento, revertir la decisión tomada hace más de nueve años por el gobierno panameño de establecer relaciones diplomáticas con China. Aun cuando se han presentado obstáculos que han impedido el desarrollo y la profundización de las relaciones con China, habría que preguntarse por los beneficios que podría obtener Panamá con la negociación de un tratado de libre comercio con China justo y equitativo, en lo cual Panamá tiene sobrada experiencia.
No dudamos de que cualquier situación adversa puede ser revertida cuando nuestros gobiernos en América Latina, y particularmente en Panamá, actúen conforme a nuestros intereses nacionales. El impulso que está dando a estas relaciones el nuevo embajador de China, Zhang Xiangyan, será de gran importancia.
La reelección del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil puede significar el reacomodo de las fuerzas políticas en América Latina que claman por el respeto del derecho internacional y la soberanía de nuestros pueblos.
La decisión del establecimiento de relaciones con China debe ser respetada, ya que es una decisión soberana de Panamá, y no debe existir injerencia de ningún otro Estado.
El autor es excanciller de la República.



