El epicentro de las tensiones que marcarían la consolidación de la separación de Panamá de Colombia amaneció bajo una aparente calma, pero con un ambiente cargado de incertidumbre. En las calles de Colón, el silencio contrastaba con la tensión política y militar que se vivía en aquellos días. Sin embargo, detrás de aquella quietud se encontraba el anhelo de un pueblo que aspiraba a definir su propio destino.
Todo comenzó el 3 de noviembre de 1903, cuando en la ciudad de Panamá se proclamó la separación de Colombia. La decisión fue resultado de un proceso histórico marcado por décadas de inconformidad política, dificultades económicas y aspiraciones de autonomía. Durante aquel siglo, el Istmo experimentó diversos movimientos separatistas y propuestas de autonomía que reflejaban las diferencias con el Gobierno colombiano.
Aquella mañana, Colón recibió una visita que podía poner en peligro los planes separatistas: la llegada del Batallón Tiradores, integrado por aproximadamente 500 soldados y comandado por los generales Juan B. Tovar y Ramón G. Amaya. Su misión era trasladarse a la capital para reforzar el control militar colombiano. El profesor César Quijano, historiador y docente, reconocido por sus conocimientos sobre el pasado republicano de Colón, profundiza en los acontecimientos de aquella jornada. Quijano destaca los relatos históricos que indican que el ferrocarril se convirtió en un punto estratégico y cómo las constantes demoras (orquestadas por las autoridades de la Panama Railroad Company) impidieron el traslado inmediato de los soldados. Mientras, los generales viajaron hacia Panamá sin el grueso de sus tropas, por lo que una vez estuvieron en la capital fueron detenidos por órdenes del general Esteban Huertas.
En Colón quedó el contingente militar bajo el mando del coronel Eliseo Torres. Así, la operación que pretendía reforzar el dominio colombiano terminó convirtiéndose en una oportunidad para los separatistas. Sin embargo, la tensión todavía estaba lejos de terminar. En medio de este escenario, recuerda el catedrático, también se encontraba el crucero estadounidense USS Nashville. La presencia norteamericana respondía, entre otros factores, a los intereses de Estados Unidos en garantizar el tránsito por el Istmo, amparándose en el Tratado Mallarino-Bidlack de 1846, que establecía compromisos sobre la neutralidad y el libre tránsito en Panamá.
El 5 de noviembre, la incertidumbre alcanzó uno de sus momentos más delicados. Tras conocer sobre la detención de sus superiores, el coronel Eliseo Torres amenazó con atacar Colón si no eran liberados. La advertencia elevó la preocupación entre los habitantes y las autoridades estadounidenses, que tomaron medidas para proteger a sus ciudadanos. Finalmente, mediante negociaciones encabezadas por la Junta Revolucionaria de Colón, se acordó la retirada de las tropas colombianas. El contingente abandonó la ciudad a bordo del vapor Orinoco, y a las 7:30 p.m. se envió el histórico telegrama confirmando que por fin la separación de Panamá estaba asegurada.
Pasados 123 años de aquellos acontecimientos, esta fecha no solo representa un episodio del pasado, sino también parte de la identidad y la memoria de un pueblo que fue protagonista de la historia republicana.



