Mientras buena parte del país está en modo carnaval, hay otro escenario que reclama atención total: la cancha. Este jueves, en Penonomé, el Sporting San Miguelito recibe al LA Galaxy en la primera ronda de la Copa de Campeones de la Concacaf.
No es un amistoso exótico como la del Inter de Messi: es competencia oficial, es vitrina internacional y es una prueba directa de nivel para un club panameño, que al igual que otros trabaja en potenciar el talento de los barrios.
La visita del Galaxy —con Marco Reus como su principal figura— no es un detalle menor. No todos los días aterriza en Panamá uno de los nombres históricos de la MLS. Pero más allá del cartel, lo realmente relevante es el contexto: Sporting no llega de casualidad. Clasificó por mérito deportivo, navegó un camino regional exigente y se metió entre los pocos clubes centroamericanos con boleto al torneo. Ese dato, por sí solo, ya merece respeto.
Para mí, el proyecto que encabeza César Aguilar sigue en construcción, con la presión natural de un distrito que no celebra una corona desde hace casi 12 años. Los números del Clausura 2026 —8 puntos en 5 jornadas— lo mantienen en la parte alta de la tabla.
Además, el Sporting reciente no es ajeno a estos focos. Hace un año enfrentó en el Rommel Fernández al Inter Miami de Messi, Suárez y Busquets. Aquella experiencia, más allá del resultado, dejó el aprendizaje y redujo el miedo escénico.
Y un detalle más: la sede. Jugar a más de 200 kilómetros del distrito suena contradictorio cuando se habla de representación territorial. Pero desde la lógica competitiva, seguir jugando en Penonomé buscará incomodar a la visita. Y en torneos de eliminación, cada variable cuenta.
No se puede ignorar otro elemento estructural: el formato del torneo claramente favorece a las ligas que luego disputan la Leagues Cup, MLS y Liga MX. Y la próxima semana habrá que jugar la vuelta en Carson, al sur de Los Ángeles.
El reto es grande, pero no inédito. Equipos panameños ya han sorprendido a clubes de mayor presupuesto en distintas ediciones. Houston Dynamo, Dallas, Tigres, Monterrey o Cruz Azul saben que estos partidos no siempre respetan la lógica del mercado. El partido no se gana con nómina sino con ejecución.
Para Sporting, la consigna es clara: competir sin complejo, sostener el plan de juego y entender que estos partidos no se juegan todos los meses. Aquí se juega el orgullo y la oportunidad.
