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Acciones caras, inflación alta

Acciones caras, inflación alta
Un transeúnte toma una fotografía del edificio de la Bolsa de Nueva York (NYSE) en Nueva York, Nueva York, Estados Unidos..EFE/OLGA FEDOROVA

El rendimiento real de las ganancias del S&P 500 acaba de cruzar a territorio negativo. La aritmética es elemental: 3.25% de rendimiento de ganancias menos 3.3% de inflación da −0.05%. Apenas bajo cero, pero bajo cero al fin. Y ese signo, históricamente, no ha sido inocuo.

La métrica mide algo concreto. El rendimiento de ganancias es el inverso del múltiplo precio/utilidad: cuánto produce el índice, en utilidades, por cada dólar invertido. Restarle la inflación arroja el rendimiento real, lo que el inversor obtiene una vez descontada la pérdida de poder adquisitivo. Cuando ese número es positivo y holgado, las acciones compensan. Cuando se vuelve negativo, el inversor pierde poder de compra al ritmo de las propias ganancias del índice.

Hoy las dos puntas del cálculo se mueven en la dirección equivocada. El rendimiento de ganancias está en 3.25%, según Multpl, frente a una mediana histórica cercana al 5.5% y un rango típico de 3.49% a 4.59%: el S&P 500 cotiza por encima de su valuación habitual. La inflación subió al 3.3% en marzo de 2026, su nivel más alto desde mayo de 2024, tras marcar 2.4% en febrero. El salto vino del componente energético: la gasolina aumentó 18.9% interanual y el fueloil 44.2%, presiones atribuidas al conflicto con Irán. Acciones más caras, inflación más alta. El cruce era cuestión de tiempo.

El antecedente histórico es lo que vuelve interesante el dato. En diciembre de 2021, Bank of America documentó que el indicador había caído a −2.9%, su nivel más bajo desde 1947. La estratega Savita Subramanian (jefa de estrategia de renta variable estadounidense en Bank of America) observó entonces que las cuatro instancias previas de rendimiento real negativo habían sido seguidas por mercados bajistas. Edward Yardeni (economista y presidente de Yardeni Research, ex estratega jefe de Deutsche Bank y Prudential) formalizó después el patrón: el indicador permanece positivo durante los mercados alcistas, se acerca a cero antes de los giros y se hunde en negativo durante las contracciones.

La tabla histórica acompaña. Estanflación de 1973-74: −48.2%. Endurecimiento de Volcker (Paul Volcker, presidente de la Reserva Federal entre 1979 y 1987) en 1980-82: −27.1%. Lunes negro de 1987: −33.5%. Burbuja tecnológica: −49.1%. Crisis financiera global: −56.8%. Episodio inflacionario de 2022: −25.4%. Todos superaron el umbral del 20%. Y el mecanismo tiene respaldo académico: un estudio en Finance Research Letters documenta una relación uno a uno entre los retornos del S&P 500 y el rendimiento real proyectado entre 1872 y 2022.

Pero la señal tiene tres limitaciones. La primera es estadística: cuatro o cinco eventos en seis décadas no construye intervalos de confianza estrechos; afirmar que todas las instancias previas terminaron en caídas del 20%” es descriptivamente correcto y predictivamente débil al mismo tiempo. La segunda es de magnitud. El cruce actual es marginal —−0.05%— frente a los −2.9% de 2021. Y conviene recordar qué siguió a aquella lectura extrema: no un colapso al estilo de 1929, sino el mercado bajista de 2022, acotado a nueve meses y −25%. La tercera es de definición: el conteo de episodios varía según se mida sobre ganancias reportadas o proyectadas, y según el umbral considerado significativo.

A esto se suma una pregunta de causalidad. La inflación que empuja el indicador a negativo proviene de un shock energético geopolítico, no de un sobrecalentamiento de demanda interna. Si el conflicto con Irán se descomprime y el crudo retrocede, la inflación cede y el rendimiento real vuelve a positivo sin que las valuaciones se hayan corregido. La señal, en ese escenario, se desactiva sola.

Lo que el dato dice es esto: las acciones están caras en términos absolutos y la inflación reciente ha erosionado el rendimiento real hasta neutralizarlo. Eso, históricamente, ha coincidido con periodos de retornos pobres. Lo que el dato no dice es cuándo, cuánto ni si el shock inflacionario es suficientemente persistente para mantener la métrica en negativo. La regularidad es real; el poder predictivo puntual, limitado. La lectura defendible no es liquidar ni desestimar, sino reconocer que la prima por mantener acciones —en términos reales— es, por primera vez en años, inferior a cero.

El autor es analista de datos.


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