En el país donde la corrupción se perdona, pero la necesidad se condena, se ha venido castigando a una región entera. Por décadas, Azuero ha sido el “lote baldío” del país. A los ojos de las autoridades, acá solo crece monte, y es un tema molesto cuando hay que invertir en peones y equipo para “limpiar” ese monte.
El “lote baldío” se manda a limpiar cuando hay parrandas populares, que es para lo único que sirve aparentemente, pues en esos efímeros momentos todo el país viene acá a festejar, a pasear polleras, caballos y sombreros. Y los parrampanes locales celebran los excesos parranderos, maquillándolos de cultura y folclore. ¡¿Habráse visto?!
Acá no vivimos ciudadanos, sino ciudadanos convertidos en pasivos marginados del país.
Causa molestia ser una de las muy pocas voces críticas de la región, pues realmente la mayoría de los habitantes de esta península se han acostumbrado a mal vivir. En lugar de personas probas y capaces, somos expertos en elegir vendedores de humo, que a su vez nombran artesanos similares en el arte de perpetuar la situación. Y eso han hecho: han perpetuado el problema, prometiendo fechas y mintiendo. Y la gente, callada, aguantando. Deben llamarnos “Cubita”, así sin tilde, en vez de Azuero.
Recientemente participé en una rueda de prensa dominguera, en la que aproveché para cuestionar al equipo directivo de la institución que viene diciéndonos que no hay agua para beber desde hace 9 meses. 9 meses. Esto ha sido un parto, literalmente. Y lejos de decirnos cuándo nacerá el chiquillo, o de proporcionarnos una epidural para hacer más llevadera la labor, los encargados nos dicen que debemos “sacrificarnos”.
¿Cuánto más sacrificio quieren?
En esa rueda de prensa, de la cual resulté ser el invitado incómodo (a mucha honra), pregunté lo que considero importante como ingeniero, como ciudadano y como ser humano. Siempre de manera respetuosa y con base técnica, pregunté cosas simples, pero las respuestas fueron complejas y vagas.
Pregunté: ¿por qué se hace una desinfección de las tuberías y de la planta, si la fuente de agua sigue siendo la misma? Eso no tiene mucho sentido, aparte de que cuesta un platal.
Me informaron que están en la mesa de diseño para buscar soluciones. Eso me preocupó, pues como ingeniero comprendí que llevamos 9 meses en una crisis deshumanizante, pero no han dado con el problema y están improvisando, o no valemos más de lo que ya se ha considerado presupuesto suficiente para la región. ¿Cuánto vale una región? ¿Cuánto vale una persona? Mejor aún, ¿cuánto valen 200,000 personas?
Aumentar la capacidad de la planta de tratamiento no resuelve el problema si no se cambia la toma de agua del sitio actual, que es el peor. Y las autoridades lo saben. Personalmente se los he dicho en cantidad de veces. De todas formas, so pretexto de la burocracia, ese proyecto tampoco ha iniciado, a pesar de que los proclamadores estatales dijeron que en agosto del año pasado se abrirían los sobres de los proponentes. ¿Entonces?
A mi sugerencia de una solución inmediata, como pueden ser plantas potabilizadoras portátiles, se me respondió que eso es muy costoso y que con lo que ya se ha invertido (cosa que no ha visto el pueblo) se supera lo hecho en administraciones anteriores. Así que asumo que ellos querían que les diera las gracias, antes que cuestionarlos.
La desconexión entre funcionarios y ciudadanos resulta palpable al presenciar esto. Vienen en camionetas o en avión desde la capital, cobrando todas las quincenas y con trabajo seguro por un lustro, así que su cerebro simplemente no pondera lo que vivimos el resto de los mortales.
El pueblo no cobra quincenalmente. Tampoco viaja de manera lujosa y gratuita. Pero el pueblo sí tiene sed todos los días.
Basta de condenar nuestras necesidades. Hagan su trabajo.
No más cuentos.
Soluciones. Pero ya.
Dios nos guíe.
El autor es ingeniero civil y escritor.

