La superación de los prejuicios históricos
Durante décadas se nos hizo creer, abierta o silenciosamente, que Panamá no tendría la capacidad de administrar eficientemente el Canal una vez culminara la reversión. Existía una narrativa histórica que señalaba que la complejidad técnica, logística y financiera de la ruta interoceánica superaba las capacidades nacionales y que, inevitablemente, el deterioro llegaría cuando los panameños asumieran el control total de la operación.
La realidad desmintió ese prejuicio. A más de dos décadas de la reversión, el Canal administrado por Panamá no solo ha funcionado eficientemente; en muchos aspectos ha alcanzado niveles de modernización, rentabilidad y credibilidad internacional superiores a los observados antes de 1999. La ampliación canalera, a pesar de críticas sobre costos o proyecciones, constituye una de las obras de ingeniería y planificación estratégica más importantes de la historia republicana.
El verdadero éxito del Canal
Pero quizás el mayor éxito del Canal no sea económico ni tecnológico. La Autoridad del Canal de Panamá (ACP) se convirtió en una demostración práctica de algo profundamente importante para la autoestima nacional: los panameños sí podemos administrar estructuras complejas con eficiencia, visión de largo plazo y estándares internacionales.
Esto tiene implicaciones enormes para el país. El problema histórico de Panamá no ha sido incapacidad nacional, sino la politización progresiva de muchas instituciones públicas, la destrucción de la meritocracia y la sustitución de la planificación técnica por intereses partidistas de corto plazo. Mientras gran parte del Estado vive atrapado en ciclos políticos de cinco años, improvisación administrativa y reparto burocrático, el Canal logró preservar algo excepcional en América Latina: continuidad institucional.
La institucionalidad como clave
La ACP entendió desde el inicio que el Canal no podía manejarse como un ministerio más ni convertirse en un botín electoral. Mantener la operación exigía profesionalización, disciplina técnica, carrera administrativa, planificación intergeneracional y una cultura de rendimiento alejada del clientelismo político tradicional.
Ese ha sido el verdadero secreto de su éxito: proteger una institución estratégica de la contaminación política que ha debilitado históricamente buena parte del aparato estatal panameño.
La lección pendiente
Allí reside la gran lección nacional que aún no hemos asumido. ¿Por qué no replicar parte de ese modelo institucional en sectores críticos como salud, agua potable, educación técnica, logística, transporte o seguridad social? ¿Por qué aceptar que hospitales, instituciones autónomas y empresas públicas cambien de dirección, prioridades y estructuras cada vez que cambia el gobierno? ¿Por qué resignarnos a que el mérito profesional siga subordinado a recomendaciones políticas, favores partidarios o lealtades coyunturales?
El Canal demuestra que existe otro camino: la estabilidad administrativa produce mejores resultados que la improvisación política; el conocimiento técnico acumulado vale más que el activismo partidario; la planificación a largo plazo genera riqueza, credibilidad y estabilidad nacional.
Soberanía y responsabilidad institucional
La soberanía no consiste únicamente en poseer un territorio o administrar una vía acuática. La soberanía verdadera consiste en demostrar capacidad nacional para gobernar con eficiencia, responsabilidad y visión histórica. Por eso es indispensable proteger institucionalmente a la ACP.
El mayor peligro para el Canal no es la competencia marítima global, el cambio climático o las tensiones internacionales, sino permitir la penetración progresiva de la lógica politiquera que ha dañado otras áreas del Estado. La Junta Directiva de la ACP tiene una enorme responsabilidad histórica: proteger la institucionalidad canalera es una obligación patriótica y generacional. Ceder a presiones políticas, cuotas partidarias, nombramientos complacientes o intereses externos sería abrir una grieta peligrosa en una de las pocas instituciones que todavía representan eficiencia y credibilidad internacional.
La historia suele ser severa con quienes destruyen instituciones exitosas por ambición política, complacencia o cobardía. Sería imperdonable que Panamá, después de demostrar que podía administrar exitosamente el Canal, debilitara esa conquista por permitir los mismos vicios que han deteriorado otras estructuras públicas.
Reflexión final
El éxito del Canal no solo mueve barcos; también plantea una pregunta incómoda para la nación: si pudimos manejar una de las operaciones logísticas más complejas del planeta, ¿qué nos impide construir un Estado igualmente eficiente para todos los panameños?
El autor es médico y exministro de Vivienda.
