Exclusivo

El Cuarto Poder escribe las Historias de la Democracia

El Cuarto Poder escribe las Historias de la Democracia
Personas asisten a un acto de campaña del candidato a una curul de paz, Esneyder Gómez, este viernes en Toribio, Cauca (Colombia). EFE

Cuando abrí el periódico y leí el editorial sobre las elecciones presidenciales de Colombia previstas para el 31 de mayo de 2026, me sorprendió la pobreza argumentativa con la que se abordaba uno de los momentos políticos más importantes de la historia reciente del país. El artículo, publicado por uno de los más “prestigiosos” diarios nacionales, utilizaba el miedo, la desinformación y las viejas consignas ideológicas como herramientas para influir en la opinión pública.

Más que un análisis político serio, parecía un panfleto construido desde el temor y la conveniencia. El titular rezaba: “El comunismo se apodera de América Latina”, evocando de inmediato aquella célebre frase del Manifiesto Comunista de 1848: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”. Resulta inquietante que, casi dos siglos después, ciertos sectores del periodismo continúen utilizando los mismos fantasmas ideológicos para condicionar el pensamiento de las sociedades latinoamericanas.

La misión esencial del periodismo debería ser la búsqueda de la verdad y el compromiso con la información rigurosa. Sin embargo, una parte importante de la prensa tradicional parece haber renunciado a esa responsabilidad para convertirse en un actor político más. El llamado “Cuarto Poder” posee una influencia determinante sobre la conciencia colectiva: puede construir legitimidades, destruir reputaciones, impulsar candidatos o condenar al exilio político y mediático a quienes representan ideas distintas al establecimiento.

En América Latina existen numerosos antecedentes donde los grandes medios de comunicación han desempeñado un papel decisivo en la consolidación o desestabilización de gobiernos. Por ello, el creciente descontento ciudadano frente a los medios tradicionales no es un fenómeno aislado, sino la consecuencia de años de parcialidad informativa, manipulación narrativa y alineamientos económicos y políticos que muchas veces han estado por encima del interés nacional.

En Colombia, el debate público se ha degradado hasta convertirse en una confrontación de etiquetas. Conceptos como “castrochavismo”, “comunismo” o “izquierda radical” son utilizados como instrumentos de miedo antes que como categorías de análisis político. De igual manera, desde otros sectores también se caricaturiza a la derecha como un bloque homogéneo asociado únicamente a privilegios y exclusión. Ambas simplificaciones empobrecen la democracia y alimentan la polarización social.

La prensa tiene derecho a editorializar y asumir posiciones ideológicas; lo que no debería hacer es sustituir la reflexión crítica por campañas de estigmatización. Señalar candidatos mediante diatribas o reducir complejos procesos históricos a consignas propagandísticas constituye una irresponsabilidad frente a una sociedad profundamente golpeada por décadas de violencia, desigualdad y confrontación interna.

Las elecciones colombianas no representan únicamente la disputa entre candidatos, sino dos visiones distintas de país. Por un lado, sectores progresistas que proponen reformas sociales, defensa de los acuerdos de paz y una mayor inclusión política; por otro, sectores conservadores que defienden la estabilidad institucional, el modelo económico tradicional y las estructuras históricas del poder. Esa tensión no es exclusiva de Colombia: refleja una discusión geopolítica presente en toda América Latina y, en gran medida, en el mundo contemporáneo.

Es importante precisar, además, que el comunismo subsiste hoy principalmente como una corriente ideológica y filosófica, más que como un modelo político dominante en Occidente. Por ello, convertir cada debate electoral en una supuesta lucha contra “el comunismo internacional” no solo resulta anacrónico, sino intelectualmente pobre. Tales discursos buscan distraer a la ciudadanía de problemas mucho más concretos y urgentes: la pobreza, la corrupción, la violencia, la desigualdad y la fragilidad democrática.

Lo que está en juego en Colombia es el rumbo de una nación marcada por más de un siglo de conflictos políticos y sociales. Millones de ciudadanos aspiran a una democracia más justa, capaz de superar las heridas de la guerra y evitar la repetición de masacres, persecuciones y crímenes contra líderes sociales, periodistas y sectores de oposición.

La defensa de la paz y de las instituciones democráticas debe estar por encima de cualquier fanatismo ideológico. Una prensa verdaderamente libre y responsable tendría que contribuir a la formación de ciudadanos críticos, no a la fabricación de enemigos imaginarios ni al mantenimiento del miedo como herramienta electoral.

Finalmente, serán los ciudadanos quienes decidirán el futuro del país. Más de veinte millones de colombianos tendrán la responsabilidad histórica de escoger el camino que consideran más conveniente para la nación. Esa decisión debe nacer de la reflexión libre y consciente, no de campañas mediáticas basadas en el odio o la manipulación.

La democracia solo puede fortalecerse cuando la verdad deja de ser un instrumento de poder y se convierte en un derecho colectivo. Allí reside, precisamente, la verdadera responsabilidad del Cuarto Poder.

El autor es escritor y analista político.


LAS MÁS LEÍDAS

  • La era de Etelvina Medianero de Bonagas en la Unachi: 13 años y casi mil millones de dólares en presupuesto. Leer más
  • Capturan en Barú a estadounidense que trabajaba como gerente y era requerido en Oklahoma. Leer más
  • Imputan cargos a pareja de exalcalde de Colón, Alex Lee, por presunto peculado. Leer más
  • Naos: del lujo prometido al descontrol entre un avión abandonado, secuestros y pleitos millonarios. Leer más
  • Costa Rica responde a Mulino y asegura que no necesita energía de Panamá. Leer más
  • Ilya Espino de Marotta será la nueva administradora del Canal de Panamá. Leer más
  • Junta Directiva de la ACP anunciaría este jueves al nuevo administrador del Canal. Leer más