El nombre “trips” podría resultar extraño para muchas personas. Incluso, habrá quienes nunca lo hayan escuchado y otros que asuman que jamás han visto uno. Aunque, en términos generales, son similares a pequeños “piojitos”, no atacan a las personas. Habitan principalmente jardines y parques con flores, donde encuentran condiciones ideales para vivir, y es muy probable que alguna vez uno haya caído sobre su cabello, piel o ropa sin que usted lo notara.
Los trips (Thysanoptera) constituyen uno de los órdenes de insectos más pequeños del mundo, ya que son milimétricos y presentan colores que van desde el blanco y amarillo hasta el negro y marrón, entre otras tonalidades. Estos diminutos insectos pueden saltar y volar gracias a sus alas con flecos, además de planear con el viento. El grupo incluye más de 6 mil especies identificadas en el mundo, de las cuales se estima que al menos 246 están presentes en Panamá.
Estos insectos poseen un aparato bucal asimétrico, con forma de cono, que utilizan para perforar tejidos de hojas, flores, frutos, polen, artrópodos de cuerpo blando, esporas e hifas de hongos, dependiendo de sus hábitos alimenticios. Algunas especies son fitófagas porque consumen tejidos vegetales; otras son depredadoras, ya que se alimentan de artrópodos, y otras son fungívoras, al consumir hongos.
Diversas especies pertenecientes a géneros como Caliothrips, Frankliniella y Thrips son ampliamente reconocidas como dañinas para más de 100 cultivos agrícolas importantes para la seguridad alimentaria mundial, por lo que tienen relevancia cuarentenaria internacional.
La importancia de estos insectos radica en que pueden ocasionar daños directos a las plantas y actuar como vectores de virus fitopatógenos muy peligrosos para cultivos de interés como melón, sandía y pepino. Además, poseen una gran capacidad para desarrollar resistencia a insecticidas químicos utilizados para su control, convirtiéndose en uno de los grupos donde un manejo inadecuado favorece rápidamente la selección de organismos resistentes a productos fitosanitarios.
Sin embargo, dentro de este panorama también existen aspectos positivos. Algunas especies de trips han sido ampliamente identificadas por su papel crucial en la polinización de plantas y en el control biológico de insectos y ácaros plaga, lo que les otorga un papel importante dentro de los ecosistemas y agroecosistemas.
El reino de los trips es extenso en Panamá, y basta saber que en los últimos años se han convertido en una de las plagas de mayor atención debido al impacto que generan en la agricultura panameña. No se trata de crear pánico entre los agricultores, sino de promover medidas de manejo integrado de plagas en cultivos de interés para la seguridad alimentaria del país mediante acciones prácticas.
Como ha ocurrido anteriormente con otras plagas, se requieren programas de monitoreo constante, uso de trampas adhesivas azules o amarillas, eliminación de residuos de cosecha, control biológico mediante el uso del chinche asesino (Orius sp.), evitar el transporte de material vegetativo contaminado entre regiones y otras medidas de manejo que no se limiten únicamente al uso de pesticidas químicos, sino que respondan a un enfoque integral y de concienciación.
El trabajo que actualmente desarrollan la Universidad de Panamá, el Instituto de Innovación Agropecuaria de Panamá y la Dirección Nacional de Sanidad Vegetal del Ministerio de Desarrollo Agropecuario, entre otras instituciones, no responde únicamente al amor por la ciencia y la investigación. También busca comprender por qué los trips conviven con nosotros, proteger a las especies beneficiosas y controlar, mediante manejo integrado, aquellas que resultan perjudiciales.
Tomar conciencia del mundo que nos rodea también forma parte de la responsabilidad ciudadana.
El autor es profesor Especial de la Universidad de Panamá/Centro Regional Universitario de Los Santos.
