Panamá no solo es cifras de crecimiento y desarrollo. También carga con una realidad más silenciosa, pero profundamente dolorosa: la pobreza que marca la vida de miles de niños desde sus primeros años. No es un dato abstracto. Es un niño que no come bien, que no aprende en igualdad de condiciones o que crece sin oportunidades reales. Ayer, durante la Cita Eucarística, el arzobispo metropolitano puso palabras a esa herida abierta frente al país y ante quien asumirá la Defensoría del Pueblo. No se trató de un discurso más, sino de un llamado a mirar de frente una realidad que persiste. La pobreza infantil no es solo una estadística: es una deuda moral. Y también es una advertencia. Un país que no protege a su niñez compromete su propio futuro. Así las cosas, cada centavo cuenta. Eso deberían tenerlo presente todos los que reciben fondos públicos, incluidos ministros, diputados, magistrados, representantes de corregimiento, alcaldes y dirigentes sindicales. A muchos no les agrada que se les pidan cuentas, pero esos recursos existen para atender, precisamente, esa lacerante realidad.
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Hoy por hoy: Deuda con la niñez
13 abr 2026 - 05:00 AM
