Panamá está a punto de cometer el mismo error por cuarta ocasión consecutiva, porque está repitiendo el mismo patrón fallido que se remonta al año 2004, advierte el documento «El espejismo tecnológico», elaborado por FUDESPA y Jóvenes Unidos por la Educación. El análisis sustenta con evidencias científicas lo que nosotros hemos venido señalando en otros artículos: La tecnología educativa no es mala en sí misma, pero no es la panacea mágica para resolver el problema de la educación.
La investigación de FUDESPA y Jóvenes Unidos por la Educación es devastadora, pero a la vez, necesaria para comprender el fracaso sistemático de las políticas de distribución masiva de computadoras portátiles en Panamá durante las últimas dos décadas. El argumento que defiende la compra de laptops se basa en la necesidad de cerrar la brecha digital, pero esta idea es solo un eslogan sin sustento pedagógico.
Meduca asegura que la inversión en laptops forma parte de una "estrategia integral orientada a cerrar la brecha digital y fortalecer el proceso educativo“, pero la evidencia científica internacional es clara y contundente; sin mencionar los estudios de la neurociencia relacionados a cómo aprende el cerebro.
Los estudios de mayor rigor metodológico, como el ensayo controlado aleatorizado del programa peruano One Laptop per Child (OLPC), demuestran que la distribución masiva de computadoras no genera mejoras sostenidas en el aprendizaje académico; algo que hemos tratado de explicar desde los estudios de la neurociencia.
El documento revela que, luego de ocho años de seguimiento y una inversión de $180 millones en 850,000 equipos, los investigadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicaron sus conclusiones en el American Economic Journal: cero mejoras en matemáticas y comprensión lectora. El caso uruguayo, pionero mundial con cobertura universal en escuelas públicas, tampoco documentó efectos significativos sobre el aprendizaje.
Es cierto que Panamá es diferente, pero, de hecho, esta es otra desventaja, porque carecemos de la cultura del cuidado. Y por eso la evidencia muestra que el problema no es de ejecución, sino del modelo mismo de gestión que incluya, incluso, una pedagogía de la cultura del cuidado del pensamiento. Una educación que destruya paradigmas y que ayude a comprender que la tecnología es una herramienta, no un fin en sí misma. La reducción de la brecha digital es un objetivo legítimo, pero no puede confundirse con una política de mejora del aprendizaje.
Negar la realidad no cambia las cosas. La evidencia demuestra que Panamá ha destinado millones en programas de laptops desde 2004 sin evaluación de impacto alguno; qué garantía tenemos de que ahora será diferente si no contamos con indicadores como referentes que nos permitan evaluar y diagnosticar.
También hemos gastado tinta citando a países desarrollados con tecnología de punta, pero que también tienen las mejores bibliotecas escolares y públicas. Suecia desmonta el mito de que la tecnología es mejor que un libro, pero primero tuvo que “estrellarse”, para decirlo en buen panameño. Un país pionero en digitalización educativa, dio marcha atrás, porque descubrió que su educación iba hacia el despeñadero.
En mayo de 2023, la ministra de Escuelas, Lotta Edholm, canceló el plan de digitalización y anunció una inversión de 685 millones de coronas suecas (aproximadamente $60-100 millones) para reintroducir libros de texto físicos en las aulas. "Corremos el riesgo de ver una generación de analfabetos funcionales“, advirtió la ministra al anunciar la medida; esto es tener real preocupación para hacer las cosas bien.
Lo hemos dicho mil veces: no se trata de satanizar la tecnología, sino de reconocer que su incorporación al aula, sin una transformación pedagógica profunda, no mejora el aprendizaje. El Instituto Karolinska de Suecia, una de las instituciones médicas más prestigiosas del mundo, declaró en agosto de 2023 que "existe evidencia científica clara de que las herramientas digitales perjudican el aprendizaje de los estudiantes en lugar de mejorarlo“.
Aconseja el documento que los $273 millones que el Gobierno quiere gastar en computadoras podrían destinarse a construir 150 escuelas nuevas en comarcas indígenas y zonas rurales, capacitar a los 40,000 docentes panameños en metodologías basadas en evidencia, o implementar programas de tutoría personalizada para los 300,000 estudiantes con mayor rezago.
O bien, diremos nosotros: invertir en las bibliotecas escolares porque son el acceso real a la cultura para los más pobres, si de cerrar brechas se trata; porque la biblioteca fomenta la autonomía del lector, y permite un encuentro libre con el saber; la presencia de un bibliotecario capacitado ofrece una mediación humana y una escucha genuina que ninguna máquina puede replicar, porque se transforma el espacio en un "refugio simbólico" vital para la salud mental.
Desde las bibliotecas escolares el regreso a los libros físicos y espacios de lectura estructurados es el antídoto más eficaz para recuperar la comprensión lectora que el exceso de pantallas ha erosionado; desde las bibliotecas escolares el pensamiento crítico y la libertad desvanece el espejismo que provocan las pantallas. Parafraseando a Lewis Carroll, la educación dejará de mirarse a través del espejo, cuando reconozcamos la realidad.
El autor es escritor
