En esta ocasión deseo, como empleador, dar a conocer algunos de mis hallazgos sobre el controversial tema del desempleo, hoy convertido en un estigma público que hasta rivaliza en las noticias con el tema de la corrupción. Comenzaré por utilizar como ejemplo personal nuestra infortunada y aún fallida experiencia de los últimos quince meses para contratar de manera permanente a una persona dispuesta a realizar faena de cocinera en nuestro hogar. De cuatro aspirantes recomendadas que escogimos, la que más tiempo duró fue cuatro meses y las razones fueron: enfermedad, nostalgia familiar, atender negocio casero y continuar estudios. Ninguna demostró tener una verdadera necesidad por un trabajo digno, formal, bien remunerado, con C.S.S., vivienda y alimentación garantizadas.
A raíz de ese cacareado desempleo, escudriñé las cifras del mercado laboral publicadas por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) sobre un universo de 2,200,000 personas en edad de trabajar y que se divide así: 1,970,000 ocupados, o sea 89.5%, y 230,000 desempleados, o sea 10.5%; esta última, sin duda, resulta una cifra negativamente alta de acuerdo con estándares mundiales, por lo que decidí concentrarme en desgranar dicha mazorca laboral.
Del universo nacional, 1,200,000 o 54% aparecen como de pleno empleo, 300,000 o 14% en subempleo, 100,000 o 5% en servicio doméstico y un aproximado de 780,000, o sea 35%, como informales. Cuando sumo esas cuatro categorías obtengo un total de 2,380,000, o sea un 108% sobre el total de 2,200,000 personas en edad de laborar, lo cual me forzó a profundizar sobre algunos supuestos, en su mayoría en las categorías de informales y de subempleados.
Pareciera que el INEC incluye en el 35% de informales a todos aquellos que no poseen un contrato laboral o no declaran planilla del Seguro Social; sin embargo, es sabido mundialmente que muchas empresas, a razón de sus actividades estacionales, como cosechas, turismo o Navidad, operan con nóminas temporales. Por otra parte, cientos de miles de panameños y extranjeros laboran por cuenta propia. ¿Son acaso todos los independientes considerados personas desocupadas o informales? Debo confesar que cuando requiero un plomero, electricista, mecánico, jardinero, entrenador, albañil, pintor o camarero, recurro al chat y así consigo un profesional que de inmediato me resuelve. ¿Cuántos productos del campo no adquirimos todos los días en la calle directamente de campesinos o intermediarios, y cuántos alimentos preparados consumimos por cocineras hogareñas con entrega a domicilio? Para mí, realmente ellos son microempresarios que incluso emplean a muchos otros desempleados. ¿Debemos catalogarlos a todos como desempleados o subempleados?
Según la Real Academia Española (RAE), la definición de “desempleado” es: personas que carecen de empleo o salario; y según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), son: personas que han buscado, pero no han obtenido ocupación en cuatro semanas.
De acuerdo con esas definiciones, el INEC debiera también considerar que en los últimos años han prosperado nuevas categorías de miles de jóvenes profesionales que obtienen buenos ingresos procedentes del extranjero, bien trabajando por internet desde su casa o en cafeterías. ¿Cómo obviar la labor de miles de artistas profesionales o músicos que nos entretienen solo los fines de semana? ¿Y por qué se excluye como empleadas a las miles de laboriosas amas de casa en edad de trabajar que realizan delicadas e ineludibles faenas hogareñas las 24 horas, sin contrato ni cobrar salario?
Debemos ser realistas y no pesimistas. Preparemos un proyecto de ley para facilitar la forma en que los llamados informales, subempleados o amas de casa independientes se puedan afiliar a la seguridad social de una manera sencilla y rápida. Reconozco que lo que no se mide no se puede rectificar, pero tampoco debemos mezclar peras con manzanas y, sobre todo, reconocer que generalizar nunca ha sido una medición aceptable ni correcta. Examinemos con propiedad “las diferentes caras del desempleo” y establezcamos nuevas categorías laborales con claridad y justicia, para así definir con precisión la verdadera desocupación nacional.
El autor fue ministro de Comercio e Industrias y embajador de Panamá tanto en Washington como en Italia.


