Recibí el 27 de julio una noticia del Sistema Informativo de la Conferencia Episcopal de Colombia que me dejó perplejo. Celebraban “el quinto centenario de la fundación de la primera diócesis continental”, en Santa Marta, cuando todos sabemos que fue la de Santa María la Antigua desde 1513, que luego se trasladaría, desde 1524, a la ciudad de Panamá —fundada unos años antes, el 15 de agosto de 1519—, mientras se esperaba el abandono definitivo de Santa María la Antigua a finales de 1524. Santa María de la Antigua del Darién, cuyo sitio está en territorio hoy de Colombia, cerca del golfo de Urabá, fue fundada en 1510 por Martín Fernández de Enciso y Vasco Núñez de Balboa y recibió el 29 de junio de 1514 al primer gobernador de Castilla del Oro, Pedro Arias de Ávila (c. 1440-1531), y al primer obispo, el franciscano fray Juan de Quevedo Villegas (c. 1450-1519). Le sucedió el dominico fray Vicente Peraza (1489-1524), nombrado obispo del Darién el 9 de diciembre de 1520.
¿Dónde estudiaron aritmética los curas colombianos? La pregunta es válida porque todos sabemos que en fechas del calendario los números más altos son los más cercanos al día de hoy. Así, 1513 y 1524 están más lejos de nosotros que 1525. ¡Que todos los obispos del vecino y querido país lo ignoren, es más que preocupante! Sin embargo, el papa León XIV, sin duda mejor informado, no lo hizo en su mensaje sobre la conmemoración propuesta para el 29 de julio, cuando no menciona semejante dislate.
Un ensayo muy bien documentado del doctor Juan Luis Blanco Mozo, de la Universidad Autónoma de Madrid, revela claramente la realidad. Allí dice, en conclusión: “El obispado de Nuestra Señora de la Antigua fue la primera organización eclesiástica creada por el papa en la América continental. Precedió en apenas un lustro a la fundación del obispado Carolense del Yucatán (bula de León X, 24 de enero de 1518)”. Prosigue el docto historiador: “El traslado de la sede diocesana debió de producirse a finales de 1524 con el consentimiento de la Corona y el Papado. De esta manera, sin estridencias ni rupturas, se aseguró la continuidad de la diócesis del Darién, primero en la vieja Panamá, hasta la destrucción de la ciudad por Henry Morgan (1671), y a partir de 1673 en la nueva Panamá establecida junto al Ancón. Siendo la actual arquidiócesis de Panamá la heredera legítima de aquella antigua capilla levantada en el corazón del Darién”.
La hermosa ciudad de Santa Marta tiene una historia larga y apasionante desde que fue fundada por Rodrigo de Bastidas (c. 1475-1527) el 29 de julio de 1525. Coincidimos con ese personaje que fue el primer europeo que avistó nuestras costas, así como recorrió las de Colombia y Venezuela, en su periplo caribeño en 1502. Han transcurrido cinco siglos en esta joya no solo del Caribe colombiano, sino simplemente de toda la cuenca de ese Mediterráneo americano del que también somos ribereños. Recordemos que Santa Marta fue teatro de duros combates durante los tiempos de la independencia, a principios del siglo XIX, y tiene la gloria de haber recibido en la Quinta San Pedro Alejandrino al Libertador Simón Bolívar, que murió en ese lugar el 17 de diciembre de 1830, a la una de la tarde.
Los panameños celebramos con gozo y solidaridad el quinto centenario de Santa Marta, hermanados por la geografía y la historia, por un pretérito que hemos fabricado en conjunto sin necesidad de inventar ningún hecho ni fenómeno histórico y menos aún religioso. El próximo año celebraremos en Panamá el segundo centenario del Congreso Anfictiónico, convocado en nuestra capital por Bolívar, y recordaremos ese pasado que nos invitaba a la unidad continental, al menos de los pueblos hispanoamericanos. Será la ocasión de reencontrarnos con nuestros hermanos colombianos y, por qué no, también con los samarios, los estimados habitantes de Santa Marta.
El autor es miembro de número de la Academia Panameña de la Historia.