Tanto los padres de familia como los pediatras, particularmente, tenemos que estar alertas por la aparición de enfermedades que, con bastante probabilidad, ni siquiera algunos de nosotros hemos visto durante el entrenamiento o en la clínica diaria, más allá de las fotos y textos de los libros de Pediatría.
No solamente se han producido cambios bruscos en políticas de salud afuera de nuestras fronteras, sino que las fronteras han sido penetradas por la actividad desinformadora de los conspiradores de teorías, de los negacionistas del método científico y las ciencias, y los antivacunas, a quienes se les ha permitido divulgar desinformación con propósitos dañinos y, ahora, con revanchismo protegido y asalariado.
En vista de los serios riesgos de algunas recomendaciones nuevas emitidas por oficinas de salud de Estados Unidos —otrora respetadas y consultadas— con respecto al manejo de las inmunizaciones, las vacunas y las prácticas higiénicas, terapéuticas y preventivas en relación con el embarazo y el nacimiento, debo hacer acotaciones puntuales.
Cuando una madre o la pareja solicitan que no se pince el cordón umbilical tan pronto el niño nace, sino dejar que deje de pulsar antes de cortarlo —algo que toma entre uno y tres minutos, usualmente un promedio de 68 segundos, pero puede extenderse a más de cinco minutos—, es muy posible que desconozcan que el pinzamiento demorado del cordón umbilical mejora la hemoglobina y los depósitos de hierro del recién nacido durante los primeros meses de vida, al igual que el volumen circulatorio del niño prematuramente nacido. Esta recomendación a los médicos no parece inducir excesos de bilirrubina; sin embargo, sí resulta a menudo necesario iniciar el tratamiento de fototerapia. Es necesario vigilar por signos de un exceso de glóbulos rojos —particularmente cuando se practica “milking” o el exprimir del cordón umbilical—, que disminuye la velocidad de circulación de ellos, resultado que potencia daños a la oxigenación y nutrición del cerebro.
La recomendación del Colegio Americano de Obstetricia y Ginecología es que se entienda por pinzamiento demorado uno realizado “30-60 segundos después del nacimiento”, muy similar al tiempo en que el cordón deja de pulsar espontáneamente, siempre y cuando no existan situaciones que requieren la intervención temprana del neonatólogo para reanimar al recién nacido.
Cuando una madre o la pareja solicitan que al bebé no se le ponga la inyección intramuscular de vitamina K, es muy posible que no conozcan por qué se hace y qué puede ocurrir en las próximas semanas en aquel niño que no la recibió. Los síntomas de su deficiencia aparecen súbitamente, cuando parecía ser un niño sano: irritabilidad, pobre succión, algunos moretones en la piel y convulsiones con sangrado intracraneano. Los pediatras nos hemos caracterizado por prevenir resultados devastadores, aunque raros, y uno de ellos es la muerte o la discapacidad que produce la enfermedad hemorrágica del recién nacido por la deficiencia de vitamina K, que no es una vacuna, sino un nutriente, y su inyección profiláctica obedece a que todo recién nacido tiene deficiencia de esta vitamina, esencial para la coagulación de la sangre. Rehusar la vitamina K debe constar en las notas de la cuadrícula hospitalaria. Un documento legal firmado por los padres debe liberar de responsabilidad por esta decisión a los médicos y debe constituir una alerta de alto riesgo en toda unidad de recién nacidos.
Ahora, vacunar contra la hepatitis B “opcionalmente” y “no tan temprano” camufla un profundo desprecio por la evidencia científica y el conocimiento sobre la enfermedad, que lucen quienes hacen estas recomendaciones en un bullicio ensordecedor y peligroso. Es posible que quienes esto recomiendan desconozcan la enfermedad, su forma de contagio y su pronóstico cuando se adquiere en los primeros años de vida. La hepatitis B se adquiere no solo como una enfermedad de transmisión sexual, sino también por el uso de jeringas reutilizables y transfusiones de productos de sangre contaminados. Otra vía de contagio es a través de la lactancia con leche humana, que proviene de madres infectadas con el virus de la hepatitis B.
El virus de la hepatitis B es la primera causa de hepatitis crónica y de cáncer hepático, que suelen diagnosticarse 20 o 30 años más tarde de la infección. Adquirirla en la infancia temprana permite ver estas condiciones malignas durante la vida productiva de ese niño no vacunado tempranamente. Por muchos años, la recomendación basada en datos científicos ha sido que se inicie la vacunación de forma universal en todos los recién nacidos, no opcional, sin consideraciones sobre el estado de inmunidad de la madre. La modificación de esta prístina recomendación es un disparate costoso en vidas humanas, como igualmente lo son las nuevas recomendaciones sobre vacunas y vacunaciones, sobre asuntos de higiene y salud pública durante el embarazo. Los médicos tenemos que cerrar filas con nuestro compromiso con la atención basada en evidencia científica y con el rigor académico que los padres de nuestros pacientes esperan de nosotros.
El autor es médico.

