RESACA. Los diputados empezaron su break de carnaval desde el pasado jueves. Se supone que mañana deben regresar al pleno legislativo. Seguramente, la mayoría ni sabrá a qué van… Aunque, para muchos de ellos, no es tanta la diferencia con lo que hacen —o no hacen— el resto del año.
ADMISIÓN. Una de las reformas aprobadas por la Comisión de Credenciales al reglamento interno de la Asamblea tiene que ver con el prohijamiento de los anteproyectos: proponen que sea en el orden en el que se presentan. Si eso ya estuviera vigente, seguramente Camacho se habría visto obligado a considerar el prohijamiento de todos aquellos proyectos anticorrupción a los que, hasta ahora, les ha dado un puntapié.
INCÓGNITA. La ministra de Desarrollo Social, Beatriz Carles, deberá responder un cuestionario de 43 preguntas ante el pleno legislativo. ¿Cuántas podrá contestar si la información sobre la situación de los albergues infantiles es casi inexistente? Ni siquiera hay una base de datos confiable sobre la cantidad de albergues, la población, el personal técnico, los permisos y las denuncias. Si fuera un hospital para perros, seguramente la información sí la tendrían al día.
EXCEPCIÓN. Luego de que el presidente Mulino confirmara que las empresas europeas tienen prohibido participar en las licitaciones públicas, ¿cómo queda el plan de traspasar temporalmente la operación de Balboa y Cristóbal a la danesa Maersk? ¿Será que, como esa transacción es a dedo, no le aplica el veto?
CÁLCULO. Según el alcalde Mayer Mizrachi, el “festival carnavalístico” congregó a 70 mil personas en la cinta costera la noche del pasado lunes. José Blandón replicó que esa cifra no era cierta, ya que supondría casi el triple de la capacidad del estadio Rommel Fernández. Uno de los dos no es bueno en matemáticas.

