CAZABOBOS. Ayer, a mediodía, el avión privado de los Martinelli partió de Albrook rumbo a David. Sus pasajeros no eran otros que los dos príncipes, con varios acompañantes. El grupo permaneció en esa provincia toda la tarde y regresó poco después de las 6:00 p.m. Los hijos han estado “pecho a tierra” desde su llegada de Estados Unidos, pero ahora, que toda la atención está centrada en ese avión, aparecen. ¿Será que son parte del show?
CINISMO. ¿Cuántas personas han muerto en Nicaragua a manos de las autoridades que supuestamente estaban llamadas a proteger su vida? Solo durante las protestas que se extendieron entre 2018 y 2019, la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos contabilizó hasta 535 muertes y unas 1,300 desapariciones. A los Ortega no les importa ni la vida de sus compatriotas; menos les preocupará una “trampa” (que ni siquiera ha sucedido) a un panameño.
INTERESES. Como ahora no hay alerta roja, la excusa es el SICA. Ese cambio de opiniones, ¿a quién nos recuerda? Tal vez, al final, el eslogan termine siendo: “Martinelli es Murillo y Murillo es Martinelli”.
TURNOS. Roniel Ortiz, uno de los miembros del dream team, ha aclarado que su jefe no estará solo si finalmente sale de la embajada: sus abogados han elaborado un “cronograma” para que cada uno sepa cuándo le toca ir a acompañarlo a Nicaragua. “Una semana irá uno y la otra, otro”, contó en el programa de Álvaro Alvarado. Es decir, van a instalar una segunda hamaca, pero en Managua. Probablemente alguien intuyó que la parranda de honorarios podía estar llegando a su fin y había que inventar algo.
CHIQUILLADAS. Ahora resulta que -según Roniel- las calamidades judiciales de Martinelli se deben a “problemas personales” y a una “enemistad” de hace 50 años con la magistrada María Eugenia López Arias. ¿Ella estará enterada de eso? Que Martinelli, quien es un septuagenario, ande pregonando una presunta pelea de juventud a estas alturas demuestra una dudosa madurez.
AL FIN. El diputado Ernesto Cedeño presentó una propuesta legislativa para modificar la ley orgánica de la Contraloría, con el fin de eliminar el refrendo de los pagos por insistencia. Algo sabrá del tema, ya que Cedeño fue asesor legal de la Contraloría, magistrado suplente del Tribunal de Contrataciones Públicas y profesor de derecho administrativo. Después de todo, ¿alguien habrá invocado el refrendo por insistencia para otra cosa que no sea subirse el sueldo?