En Panamá, datos del Ministerio de Salud y la OPS estiman que cerca de una de cada tres personas enfrentará algún problema de salud mental a lo largo de su vida. En ese contexto, estudios locales sugieren que la prevalencia del trastorno bipolar es de 3.7% aproximadamente, con mayor frecuencia en mujeres.
El trastorno bipolar tiene que ver con los estados emocionales, que no solo se sienten, sino que también organizan la forma en que interpretamos lo que vivimos. Cuando estos sistemas se desregulan, no cambia únicamente el ánimo, sino la manera en que le damos sentido a nuestra experiencia. Algo que en un momento puede sentirse lleno de significado, en otro momento puede perder completamente su valor.
Se trata de una condición caracterizada por episodios de estado de ánimo elevado (manía/hipomanía) que se alternan con episodios depresivos, con distintos grados de intensidad. Estos cambios pueden impactar de forma importante la vida personal, familiar, social y escolar o laboral de quien los experimenta. No es que la persona no regule sus emociones, sino que el ritmo interno con el que se vive la experiencia emocional funciona con una intensidad distinta. Hay momentos en los que todo se acelera —los pensamientos, las ideas, las decisiones— y otros en los que todo parece detenerse.
La manía no es simplemente “estar muy feliz”. Es un estado de alta activación en el que la persona puede dormir poco sin sentirse cansada, hablar más rápido, tener varias ideas al mismo tiempo, sentirse especialmente capaz y tomar decisiones impulsivas o de riesgo. Esta intensidad puede incluir una pérdida de contacto con la realidad. En cambio, en la depresión bipolar predominan la falta de energía, la tristeza profunda y la pérdida de interés por actividades cotidianas.
Por ejemplo, durante un episodio de manía, alguien puede estar convencido de que tiene una idea extraordinaria, invertir tiempo y recursos en ella y sentirse completamente seguro de su decisión. Puede gastar dinero impulsivamente o asumir riesgos con la sensación de que todo va a salir bien. Sin embargo, semanas después, en un episodio depresivo, esa misma situación puede verse con culpa, vergüenza o desmotivación. No es simplemente un cambio de opinión; es una forma distinta de percibir la realidad.
Además, el trastorno bipolar puede implicar cambios bruscos y un mayor riesgo de conductas suicidas, lo que hace especialmente importante la detección temprana y el acompañamiento oportuno.
Aunque suele hacerse más evidente en la adultez, es común que los primeros episodios aparezcan en la niñez o adolescencia como cuadros depresivos, lo que puede llevar a confundirlo inicialmente con depresión unipolar. En general, su desarrollo responde a la interacción entre factores biológicos y experiencias de vida asociadas a altos niveles de estrés.
Es frecuente que no aparezca de forma aislada. Muchas personas presentan además ansiedad, consumo de sustancias u otras dificultades, lo que hace más complejo el diagnóstico y tratamiento.
Por otro lado, es importante no confundir el trastorno bipolar con el trastorno límite de la personalidad (TLP). Aunque en ambos pueden presentarse emociones intensas, en el trastorno bipolar los cambios suelen organizarse en episodios que duran días o semanas, con periodos de mayor estabilidad entre ellos. En el TLP, los cambios emocionales son más rápidos —a veces en cuestión de horas— y generalmente están más vinculados a entornos relacionales, como conflictos o miedo al abandono. Distinguir estas condiciones es clave, porque el abordaje es diferente.
Hoy sabemos que el tratamiento más efectivo del trastorno bipolar combina varias estrategias: estabilizadores del ánimo, psicoterapia y, en muchos casos, acompañamiento familiar. Más que eliminar las emociones intensas, el objetivo es aprender a reconocerlas, darles sentido y desarrollar formas más saludables de regularlas.
El trastorno bipolar no se reduce a una etiqueta ni a una lista de síntomas. En el día a día, tanto para quien lo vive como para su entorno, puede ser difícil sostener esos extremos en los que todo se acelera y, de pronto, todo se vuelve oscuro o se detiene. Con información y acompañamiento adecuado, es posible construir una vida más plena y predecible.
La autora es psicóloga.


