Un estudio elaborado por un equipo de científicos del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (Icges) y la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, Reino Unido, reveló que tanto residentes locales como personas ajenas a la comarca Ngäbe Buglé están involucradas en la práctica del sexo transaccional (ST). Esta actividad se define como el intercambio implícito de dinero o bienes por sexo y se ha observado como una experiencia común y relativamente normalizada entre niños y niñas adolescentes en la comarca, con pocas sanciones.
La investigación incluyó 700 adolescentes entre 14 y 19 años de edad, de los cuales 384 son del sexo masculino y 316 del sexo femenino, de tres regiones de la Comarca Ngäbe-Buglé, específicamente de Nidrini, Kadrirdi y Ño Kribo, en el distrito de Müna donde un 87.8% de su población es pobre. El estudio, llamado “Normas sociales que sustentan el sexo transaccional y asociaciones con resultados de salud sexual: un estudio de métodos mixtos en la Comarca Ngäbe-Buglé, una región rural-indígena de Panamá”, fue publicado en la revista Plos el pasado 31 de mayo.
La publicación indica que la proporción de participantes del sexo femenino y masculino a quienes alguna vez se les había ofrecido algo a cambio de sexo fue similar (18.8%, es decir, 58 de 309 mujeres y 15.5% de 374 hombres, lo que representa también 58 jóvenes indígenas).
Otros bienes ofrecidos a los jóvenes indígenas incluyeron vivienda (8.3%), ropa (4.8%), una mejor nota de un profesor (4.8%) o un teléfono móvil (1.2%). Entre aquellos a quienes se les había ofrecido ST, el 81.4% (35/43) de las niñas y el 77.8% (35/45) de los niños aceptaron. No hubo asociación entre la oferta o la aceptación de ST con los indicadores económicos a nivel del hogar en los análisis no ajustados, explicaron los científicos.

Amanda Gabster, científica de Salud Sexual y Epidemiología de Infecciones de Transmisión Sexual del Departamento de Genómica y Proteómica del Icges, explicó que la realización del estudio tardó más de un año y medio e involucró visitas preliminares en la comarca, lo cual fue clave en la parte cualitativa y en cuanto al tema de sexo transaccional, ya que conversando con los padres de los adolescentes y otros adultos en comunidades, contaron (cuando se preguntaba sobre la actividad sexual de los adolescentes) que es visto como algo común, hasta aceptado, intercambiar relaciones sexuales por algo (ya sea dinero o cosas) entre adolescentes y personas con mayoría de edad que tenían más dinero.
Subrayó que la información también se obtuvo con un cuestionario autollenado por los y las participantes en tablets, de forma anónima para guardar la confidencialidad y reducir los riesgos de sesgos. Sin embargo, la ley indica que, si hay algo ilegal, se tiene que reportar a las autoridades y se realizó ese reporte en su tiempo.
Amanda Gabster, científica del Icges
Se utilizaron métodos de selección aleatorios para incluir los participantes y lograr que el estudio fuera lo más representativo de la comarca”.
Las preguntas sobre la actividad de sexo transaccional fueron incluidas de esta manera: ¿Te han ofrecido algo (dinero/comida/hospedaje/transporte/ropa/notas) a cambio de relaciones sexuales? Luego, si se contestaba sí, se preguntaba: ¿Qué fue ofrecido? (un espacio para escribir lo que fuera). ¿Aceptaste lo que te ofrecieron? (sí o no).
Además, a todos se les preguntaba por las normas sociales, es decir, la aceptabilidad del sexo transaccional. ¿Qué pensarían tus amigos si estás en una situación donde te ofrecen algo a cambio de sexo? ¿Crees que tus amigos pensarían bien de ti o aceptarían que la situación es correcta para ti, o pensarían mal de ti y no aceptarían que la situación es correcta para ti? ¿Tus amigos intentarían detenerte de tener sexo a cambio de algo?
Para Gabster, la situación también ocurre fuera de la comarca Ngäbe Buglé. Sin embargo, en el estudio liderado por el Juan Miguel Pascale, realizado con adolescentes urbanos, reportamos un porcentaje mucho menor (menos del 5%) de adolescentes femeninos y masculinos involucrados en sexo transaccional, acotó.
Los científicos informaron que los casos que involucraron claramente a personas de entidades gubernamentales fueron reportados al Comité Nacional de Bioética, en la Fiscalía y al Ministerio de Educación y cada entidad realizó su propia investigación.
El derecho a la protección
La violencia, los malos tratos, la explotación, los abusos. Son muchos los peligros que amenazan a los niños y jóvens durante los años más importantes de su vida. El derecho a la protección es esencial para que puedan crecer lejos de estas situaciones, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
A partir de ese derecho a la protección, la científica Gabster indica que es un deber del Estado intervenir y prevenir que ocurra más violencia, como también es un deber llevar a los perpetradores de violencia ante la justicia y que las violencias no sigan ocurriendo a los niños y jóvenes.
Abandonados, abusados, explotados y a menudo ignorados, todas empiezan a una corta edad a tener ST. A veces incluso son acosados por la misma gente que debería estar protegiéndolas.
Pero las historias que hay detrás de los datos obtenidos por el Instituto Gorgas sugieren que solo han llegado a tocar la superficie de uno de los secretos que poco se divulgan en los medios.
En la investigación científica participaron Juan Miguel Pascale y Mónica Jhangimal del Instituto Gorgas; Philippe Mayaud; Susana C. Francisco y Ben Cislaghi de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, Londres, Reino Unido.