Durante más de un siglo, la familia Lamastus ha estado ligada a la producción de café en las tierras altas de Chiriquí. Pero el negocio que comenzó en 1918 no llegó intacto hasta la cuarta generación. Debió pasar por muchas pruebas y literalmente transformarse como lo hace el grano desde que germina hasta que llega a una aromática taza.
La producción de café de Chiriquí pasó los embates de la crisis mundial de la caída de los precios internacionales, se quedaron casi que en ruinas. Pero de las cenizas surgen oportunidades y fue lo que vieron los precursores del café geisha.
Apostaron por un nuevo nicho de negocio que parecía casi imposible: el café de especialidad y de alta calidad con un sello e identidad propia.
Ese cambio terminó abriendo un camino mucho más grande no solo para una finca o una familia, sino para todo un país, que ahora es reconocido por el grano geisha panameño por el que pagan miles de dólares en cada subasta internacional.

La búsqueda de cafés especiales, las competencias de calidad y posteriormente el descubrimiento del potencial del geisha convirtieron a Panamá en referencia mundial dentro de uno de los segmentos más exclusivos del café.
Wilford Lamastus Jr. creció viendo ese proceso desde dentro y hoy forma parte de la generación encargada de llevarlo al siguiente nivel.
En entrevista con La Prensa, Lamastus Jr. cuenta que el génesis de la Asociación Panameña de Cafés Especiales, un inició en el que algunos se mostraron incrédulos y desconfiados pero avanzaron.
“Había como que esta conversación entre algunos productores de café. Y cuando él llega y dice: ‘Esta es la oportunidad y tenemos que ya hacer algo al respecto’”, relata al recordar el impulso de su padre Wilford Lamastus y de otros productores para apostar por los cafés especiales.

“Ellos veían eso como que la gente quiere hacer café gourmet. La gente está loca”, recuerda Lamastus Jr. sobre la reacción de algunos productores de la época.
Ese pequeño grupo avanzó con la creación de una asociación independiente de cafés especiales y comenzó a buscar espacios internacionales para promover el producto panameño.
En 1996 arrancó la competencia que luego se convertiría en una plataforma para elevar la calidad, recibir retroalimentación de jueces internacionales y posicionar a los mejores cafés del país, el Best of Panamá que este año realizó su edición número 30 en la que Lamastus Family Estate obtuvo el puntaje más alto del certamen al alcanzar 96.25 puntos en la categoría Geisha Lavado, tras una reñida final entre los ocho lotes que llegaron a la última mesa de evaluación. En total se premiaron a 24 productores entre café geisha lavado, café geisha natural y varietales.

El salto del café geisha, o el primer punto de giro como en las buenas historias de la vida, se da en 2004, cuando la variedad geisha, que ya existía en Panamá, pero a la que hasta entonces no se le prestaba mayor atención por su calidad en taza, entra a la competencia Best of Panama.
Lamastus Jr. relata que uno de los hijos de la familia Peterson, al catar el café, se dio cuenta de que tenía notas distintas y buscó la opinión de otros conocedores.
“El señor le dijo: ‘Mete ese café’. Dice: ‘Pero es que tiene un perfil muy diferente, para que me lo cancelen’. Dice: ‘No importa. Ese café el año anterior quedó de último. No pierdes nada’”.

El café finalmente entró a la competencia, ganó el primer lugar y se vendió en 21 dólares la libra. Y desde ese momento el geisha fue la estrella que llevó a la fama a los café especiales de Panamá.
Los productores comenzaron a buscar semillas, identificar los árboles que todavía permanecían en algunas fincas y sembrar nuevamente la variedad geisha. “Ahí todo el mundo agarró y empezó a buscar la manera de sembrar semillas. Había gente que tenía semillas en su finca. No se habían dado cuenta. Empezaron a identificar, a resembrar, a separar”.
“Y empezó una revolución”, que no ha parado, resume Lamastus Jr.

Agrega que en el caso de su familia no había ni un solo árbol de café geisha en la finca. Adquirieron la semilla y trabajaron por una década para llegar a competir con geisha en el año 2014.
El café geisha transformó la manera en que Panamá compite en el mercado internacional. Lo que comenzó como la apuesta de un pequeño grupo de productores por los cafés especiales terminó posicionando al país entre los referentes mundiales del segmento.
Las primeras competencias, recuerda Wilford Lamastus Jr., se realizaban en espacios pequeños, mientras que hoy atraen a jueces, compradores y especialistas de distintas partes del mundo.
El salto también se refleja en los precios y en la forma de exportar. La primera subasta internacional panameña, en 2001, llevó el café ganador a $4.80 por libra, cuando el mercado rondaba entre 60 y 65 centavos.
Años después, los mejores geishas alcanzaron récords de hasta $30,000 por kilogramo en 2025. Al mismo tiempo, la industria pasó de pensar en sacos de 133 libras y de contenedores completos a vender pequeños lotes de alto valor directamente a compradores especializados.

Ahora Panamá se prepara para nuevos hitos. La próxima subasta internacional volverá a reunir los mejores lotes del país el 23 de septiembre y, en octubre, Panamá será sede del World of Coffee Panama, el primero en Latinoamérica.
Se trata de un evento que reunirá a los mayores exponentes, catadores, baristas y productores de café especiales. Una taza servida para que Panamá siga liderando esta industria.
Para Lamastus Jr., el camino del geisha deja una lección que trasciende al café: un país pequeño puede competir globalmente si apuesta por nichos, calidad, especialización y una identidad propia. El productor confía en que este ejemplo impulse a productores de cacao, piña, sandía y otros rubros en los que Panamá puede hacer la diferencia.

