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Bolívar y el panamericanismo actual

Bolívar y el panamericanismo actual
Simón Bolívar.

El Congreso Anfictiónico de Panamá, cuna del panamericanismo y de las organizaciones interestatales destinadas a mantener la paz y la seguridad regional, cumple 200 años el próximo 22 de junio. Y la pregunta que nos hacemos, o debemos hacer, es si la Organización de los Estados Americanos (OEA) se habría convertido hoy en una institución de efectos unilaterales. Lo que, de alguna manera, minimizaría el ideal de una solidaridad panamericana, tal como lo pretendió instituir el Libertador, Simón Bolívar.

El panamericanismo no es más que promocionar la integración, la cooperación y la defensa de intereses comunes entre los países de América, principalmente de los que forman parte de la OEA. Donde el principio de la igualdad jurídica y soberana sea real y efectivo. Y en una sociedad entre iguales, frente al Derecho Internacional, deben cumplirse de buena fe las obligaciones contraídas para que la justicia y la equidad sean el fundamento para la solución de los problemas políticos y jurídicos que se originan. Y, muy importante, que la cooperación económica sea sincera y verdadera, lejana a la actitud avara de otorgar migajas para obtener la sumisión del chico frente al poderoso.

Lamentablemente, la OEA que estamos viendo hoy ha perdido dinamismo, si es que lo ha tenido, al menos últimamente. Esa agilidad que permita, por ejemplo, asegurar o, al menos, ir dejando las huellas para el logro de una vida digna y libre para nuestros pueblos, promoviendo aquellas condiciones generales de bienestar que nos lleven a alcanzar el desarrollo social, político, histórico y cultural que se merece el continente. Lo que parece estar sucediendo es que el poder de algunos de sus miembros (para no referirme a un único asociado) se está reforzando a través de la amenaza y la intimidación.

Agreguemos la total y absoluta falta de consenso para la toma de decisiones en la OEA, donde cada país jala para su lado. Como muestra, un botón: ni siquiera se puso de acuerdo para resolver sobre la crisis de las últimas elecciones fraudulentas en Venezuela en 2024, dinamizando, lamentablemente, los efectos unilaterales que hoy predominan por encima del consenso y la decisión solidaria.

Suena muy positivo que, del 22 al 24 de junio, la ciudad de Panamá sea la sede de la 56.ª Asamblea General de la OEA, como un espacio para renovar el diálogo hemisférico y reafirmar el valor de la cooperación entre sus miembros. Panamá invita al hemisferio a reencontrarse, dialogar y construir puentes hacia un futuro compartido, bajo el lema: “América unida en defensa del Congreso Anfictiónico de Panamá – Multilateralismo firme en defensa de la democracia, la seguridad hemisférica y la estabilidad en los Estados miembros”. Lo que me temo es que dicho encuentro se limite a elogiar a Simón Bolívar, aplaudir su obra o recordar sus batallas. Lo cual no está mal dentro del concepto académico e histórico.

Pero ese panamericanismo moderno, en este encuentro, debe ir más allá; es decir, penetrar el fondo de la obra del Libertador, comprender sus motivos y dilucidar las razones por las cuales su intención fue realizar el Congreso Anfictiónico en Panamá.

Y, una vez entendido el mensaje y desarrollado el razonamiento, construir esa narrativa vehemente y valiente que nos haga entender, valorar y ordenar el territorio panamericano. No se trata de redactar resoluciones de solidaridad carentes de contenido, sino de expedir conclusiones concretas dirigidas a puntos importantes como los siguientes: 1. La protección de la democracia representativa, sobre todo donde esta específicamente no existe; 2. La defensa y el señalamiento en contra de aquellos (o aquel), miembros o no de la OEA, que, con base en amenazas de todo tipo (visas, remesas, intervenciones, corresponsalías, etc.), intimidan al resto de la membresía; 3. La no participación en ningún tipo de escudo, emblema o amparo para congraciarse con la figura del momento y no con el interés regional; y 4. Evitar entrar en alianzas bajo el precepto de la lucha contra el narcotráfico, cuando lo que se busca es el pacto militar en detrimento de la neutralización y la búsqueda de la paz.

Para terminar, la OEA deberá definir con valentía la realidad en países como Cuba y sus irreales libertades, Nicaragua y su gobierno autoritario, Venezuela y su inexistente democracia, y Estados Unidos y su tono desafiante. No para crear alboroto, sino para llamar al orden. Ya basta de honrar a Bolívar con simples romerías y discursos elogiosos. Hagámoslo a través de la solidaridad continental, ajustando nuestra conducta hacia soluciones concretas que hoy son indefectibles frente a la falta de identidad, de unidad y de conocimiento sobre el pensamiento de Simón Bolívar.

Seré optimista y tendré fe en este próximo encuentro bolivariano en Panamá, para beneficio y crecimiento del panamericanismo moderno a través de la OEA y sus resultados. Me tocará valorar posteriormente si me equivoqué o no.

El autor es abogado.


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