Caminar en la punta de los pies, cuando se están dando los primeros pasos y aprendiendo a caminar es normal. Lo reitero, es normal y es común. Suele notarse entre los 10 y 18 meses de edad. Para estas edades, el niño explora y aprende de las texturas sobre las que anda, busca balance y avanzar y, no pocas veces, es más veloz cuando hace “Tip-Toeing”.
Lo que debe llamar la atención del pediatra es que persista esta preferencia de andar. Un niño o una niña de 3 años de edad, que camina de puntillas, generalmente camina exclusivamente de puntillas y esto sí merece la atención y su evaluación. La primera razón de ello es el acortamiento del tendón del talón o talón de Aquiles. ¿Recuerdan a Aquiles?
Aquileo, en la mitología griega, fue guerrero y héroe troyano, quien en la Ilíada de Homero, era “el de los pies ligeros”, por su velocidad, a pesar de su vulnerabilidad en su talón, donde una flecha envenenada se enterró para vencerlo.
El niño que camina sobre sus dedos lo hace también sobre la prominencia anterior al nacimiento de los dedos, el antepie, y evita apoyar o no apoya los talones sobre la superficie que anda. Esta forma de caminar puede estar indicando una condición médica. Los niños comienzan a caminar con el patrón talón-dedos después de los 2 años de edad, por lo que aquella forma temporal, inconsistente, de andar en la punta de los pies, antes de los 2 años de edad, no requiere ninguna intervención ni ningún diagnóstico de trastornos neurológicos o de comportamiento antes de una cuidada evaluación médica.
Y, si todavía le asustaron y está ansiosa, hay un 2% de niños con un desarrollo normal, que aún a los 5 y medio años de edad, todavía caminan en los dedos de los pies. Es también cierto que alrededor de 41% de niños que, a los 5 años caminan en la punta de los pies, tienen algún trastorno del desarrollo o alguna demora del desarrollo. Sin embargo, caminar “en puntillas” es bastante común entre los niños. En la mayoría de los casos, la causa que explique caminar en la punta de los pies es desconocida, idiopática.
Cuando Ud. note que su niño prefiere caminar “en puntilla” observe si con ello también ocurren desbalance, caídas frecuentes, dolores en las piernas, problemas para usar calzados o para participar en actividades deportivas o dolores en los talones. El acortamiento del tendón de Aquiles produce una deformidad del pie, conocida como “deformidad de equino” (como el casco del caballo). Los músculos de la pantorrilla se crecen en volumen en estas personas porque esos músculos se agrupan en la base de la pantorrilla que forma parte del tendón de Aquiles y se insertan en el hueso del talón. Cuando se usan los músculos de la pantorrilla, el tendón de Aquiles jala el talón. Algunos niños nacen con el tendón de Aquiles acortado, otros lo acortan con el tiempo. Esto previene que el talón se pueda aplicar en la superficie sobre la que se camina. Otros niños caminan en la punta de los pies porque se habituaron a ello.
En muy raros casos el niño camina en puntillas por alguna condición médica. Entre estas condiciones se incluyen: la deformidad del pie equino varo, la parálisis cerebral, algún trastorno muscular o del sistema nervioso como la distrofia muscular, alguna malformación del cordón espinal y algunos pacientes, no todos ni los más, que tienen alguno de los trastornos del espectro autista. Un estudio grande reveló hace algún tiempo que un 9% de los niños con un trastorno del espectro autista también caminan en puntillas. La causa de esto se desconoce, pero pudiera estar relacionado a los trastornos de integración sensorial o de los sentidos (sabores o gustos, sensibilidad cutánea, sentido vestibular o del equilibrio, sentido auditivo o audición), que también se observan en niños sanos.
En resumen, cuando el niño camina durante sus primeros 2 o 3 años de vida en la punta de los pies mientras se desarrolla normalmente, no es porque es autista o tiene trastornos de la atención, sino porque es un niño en crecimiento y desarrollo, que está aprendiendo a caminar, que hace lo que una mayoría de niños sanos hace en esos primeros años de su vida, y que lo superará o corregirá, si se lo permitimos sin exigirle que camine bien.
El autor es neonatólogo y pediatra

