“…el bolsillo lleno de plata, money, chen-chen, duros, dolaracos, washingtongs, pasta, dinero…” Javier Medina Bernal, Las fieras y las voces.
Aquí se anotan nombres usados para referirse al dinero a lo largo del tiempo en Panamá.
Durante la etapa española se usaban monedas del sistema octogesimal. Circulaban castellanos, cordoncillos, ducados, escudos, maravedíes, pesos, pesos de ocho reales o patacones (también llamados patagones), pesos de oro fino y piastras. Se negociaba con medios, pesetas, reales, tomines, cierta cruz de plata y la macuquina (moneda de plata cortada a machete).
A lo largo del siglo XIX, aquellas monedas coexistían con la zacateca mexicana, el franco francés y el dólar estadounidense, entre otras, junto a una moneda española “de esterilla”.
Cuando se produjo la unión a Colombia, en 1821, se barajaron cuartillos y medio cuartillos. Una ley de 1835 emitió el cóndor, el medio cóndor y el quinto de cóndor o escudo de oro. Otra, de 1837, acuñó el doble cóndor, el peso o décimo de cóndor, el escudo u octavo de cóndor y el medio cóndor o doblón (este y otras monedas eran de oro; circulaban junto a las de plata). Una ley de 1846 cambió al sistema decimal, justificando la aparición del medio real, el real, los diez reales, el décimo y el medio décimo de peso, pero sin desechar términos anteriores.
A partir de 1872 la moneda quedó dividida oficialmente así: el peso, el medio peso, la peseta, el real y el medio real. El peso correspondía a cien centavos o diez reales. Con esto, el sistema decimal finalmente se impuso al octogesimal colonial.
El Panamá independiente creó el balboa en 1904, subdividido en cien centésimos, aunque no fue acuñado hasta 1931. Las denominaciones precedentes, de vigencia oficial, se mantuvieron al hablar. Oficialmente quedaron el peso (cincuenta centésimos de balboa), el medio peso, el quinto de peso, el décimo de peso (igual a cinco centésimos de balboa) y el vigésimo de peso (equivalente a dos y medio centésimos de balboa); pero el real y los centavos siguieron, y se valoraba en reales (“cuesta dos reales, quince reales”). Hubo también una moneda grande de oro, la morrocota, equivalente a veinte dólares. El dólar estadounidense (era de oro y se ortografiaba dollar) se impuso como curso legal (y único papel moneda), frente a la divisa nacional, el balboa, presentada aún hoy solo en metálico. El papel moneda causó resquemor a los acostumbrados al metálico; pese a ello, el Estado emitió papel moneda durante un breve período en 1942.
Porque ganó prestigio lo estadounidense, el cuartillo, el medio, el real, la peseta, la cinqueña y el peso tradicionales cedieron sus denominaciones frente al níquel (de cinco centésimos), el dain (de diez); el cuara, que superó a la cinqueña, así como el fifty al peso y el dólar al balboa.
Junto a cambios temporales, ocurrieron otros en los siglos XX y XXI. Lo que en el habla oficial y formal es dinero, resulta plata informalmente. Es sencillo o chimbilín cuando se trata de monedas. El dólar (en habla no estándar pronunciado dola, singular y plural) es conocido como verde, por el color y, en presentación, billete o -llete. Asimismo, se oye alpiste, bala, balbús, billullo, chenchén (posiblemente del inglés change, con el significado de ‘el vuelto, el cambio’ en Panamá; no la vuelta o las vueltas, como se dice en otros lugares), chichigua, chimbilín, cocos (plural), fierros (plural), flus, humo blanco, lechuga, mameyes (plural), maracas (plural), mergo, mergolla, mergollina, monis, morlaco, ojo de buey (por ‘balboa’), ojo de venao (por ‘peso’), rúcano, sencillo, tuco y Washington.
El autor es instructor de lenguas extranjeras e investigador lingüístico y literario.


