Expresión metafórica tomada de juegos como el ajedrez. El “tablero” representa el escenario político, social o de poder, y las “piezas” son las personas, los partidos, los intereses o las estrategias.
En este gobierno, el tablero continúa con “más de lo mismo”.
La población que votó a favor de José Raúl Mulino para presidente de Panamá creyó, a lo mejor, que habría una transición hacia la eficiencia administrativa y la recuperación económica, alentada por el eslogan de “más chen-chen pa’ tu bolsillo”.
Está ocurriendo lo contrario: no hay chen-chen por ningún lado, el desempleo sigue al pie del cañón, la inseguridad es galopante, la impunidad campea y la corrupción no tiene medida.
El tablero político sigue dominado por las mismas estructuras de poder, los mismos grupos económicos y los mismos métodos de gobernabilidad que, durante décadas, han imperado en la política “criolla”.
Todos los que llegan al solio presidencial en Panamá tienen la misma narrativa: “Heredé un gobierno en desorden, voy a poner orden donde hay caos, voy a poner reglas donde había privilegios”.
Y así se la pasan repitiendo la misma letanía durante todo su mandato.
Lo triste es que las promesas se quedan en promesas porque las prácticas políticas tradicionales perduran.
¡Hay que romper este modelo y volver a reconstruirlo!
En la filosofía japonesa del kintsugi —aceptar la imperfección— las heridas suelen transformarse en algo valioso, ligándose profundamente al pensamiento wabi-sabi, que valora la imperfección. Los errores se convierten en algo valioso y se aprende de ellos.
Entonces, ¡rompamos el modelo tradicional de política!
A unos cuantos años de nuevas elecciones, el panorama de candidatos con propuestas alentadoras es ¡desolador!
En nuestras aguas turbulentas en materia de política electoral vemos a un personaje ya conocido por dos campañas anteriores que ahora quiere aliarse con quien no está en el país para ver si consigue la misma suerte que José Raúl Mulino. Otro está creando un nuevo partido que afectará enormemente al partido actual con mayor membresía, pero esos votos, si sigue con las mismas políticas y el mismo sistema de campaña, tampoco lo llevarán a la meta. Un personaje nuevo repite lo mismo: recorre el país para darse a conocer, concede entrevistas y sostiene reuniones con empresarios, emprendedores, estudiantes y educadores, entre otros, hablando la misma verborrea.
¡Las palabras se las lleva el viento!
¡Solucionen con hechos palpables!
Otro, porque llegó por influencer a un cargo alto de elección, ya cree tener la experiencia necesaria para aspirar a otro cargo más alto.
¡No, no!
Necesitamos un verdadero líder que, desde ya, sepa tomar las riendas y ofrecer verdaderas soluciones; que no espere a llegar al solio presidencial, sino que actúe inmediatamente y demuestre que su palabra es real.
Un líder que se atreva y le entre de lleno a un cambio de Constitución para que una Asamblea Nacional cambie los actores enquistados, las negociaciones pragmáticas y las alianzas de supervivencia, entre otras prácticas.
Que se acabe el clientelismo de los nombramientos en el gobierno vinculados a la amistad, los lazos familiares o los compromisos políticos.
Recursos económicos los tenemos, gracias en gran medida a las aportaciones anuales de nuestro Canal.
El gobierno de Panamá se maneja con un presupuesto anual de 31 mil millones de dólares. Para una población, según el censo de 2025, de 4.5 millones de habitantes en una extensión de 75,517 kilómetros cuadrados.
Para comparar, El Salvador se maneja con 12,200 millones de dólares anuales para una población de 6.3 millones de habitantes en una extensión de 21,041 kilómetros cuadrados.
El presupuesto panameño es 60.6% más grande que el salvadoreño y en Panamá hay menos población.
Bien lo ha dicho un presidente de Centroamérica: “El dinero alcanza cuando no se lo roban”.
Los megaproyectos continúan favoreciendo a los grandes actores económicos, mientras el pueblo sufre en carne propia la desigualdad, la precariedad laboral y crisis como la del agua.
La percepción es que se mantienen las mismas prácticas de concentración del poder: se cambia el administrador, pero no la lógica del poder.
Entonces seguimos igual hasta que nos lleve “candanga”.
En resumidas cuentas, ¡el tablero político no cambia en Panamá!
La autora es arquitecta.


