El análisis de la coyuntura panameña demuestra que el crecimiento económico es una condición necesaria, pero no suficiente, para garantizar la estabilidad social y la solidez de los mercados locales. Un PIB en expansión del 4.8% constituye un logro estadístico sobresaliente, pero pierde sostenibilidad si el principal motor del consumo interno opera bajo un índice de confianza deprimido, escenario agravado por una contracción de más del 80% en los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED) y las consecuencias directas de la pérdida del grado de inversión.
La brecha existente entre un PIB alentador para 2026 evidencia la urgencia de diseñar políticas públicas orientadas a la redistribución indirecta a través de la productividad, promoviendo la transición masiva del sector informal hacia el empleo formal mediante incentivos a las pequeñas y medianas empresas, que absorben gran parte del empleo formal.
El reciente Informe del Índice de Confianza del Consumidor, presentado por la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá (CCIAP) y The Marketing Group (TMG), expone una postura precavida de la población frente al desempeño económico local y familiar.
Por ejemplo, las expectativas sobre la situación económica general del país a 12 meses experimentaron la caída más severa del estudio, al desplomarse 21 puntos hasta fijarse en apenas 63 puntos. Esta severa contracción estadística refleja que el ciudadano promedio no percibe los beneficios del crecimiento del 4.8% del PIB. La percepción pública supone que la riqueza generada se concentra en los nodos portuarios, logísticos y financieros, aislando a la economía interna de las ganancias de productividad global.
En cuanto a la percepción de la situación económica del hogar a 12 meses, el subíndice descendió a 79 puntos, lo que representa una pérdida de 17 enteros respecto de la medición de inicio de año. Los analistas asocian este resultado directo al encarecimiento de los costos operativos diarios, fuertemente presionados por el alza sostenida en los precios de los combustibles y su efecto inflacionario de segunda ronda sobre la canasta básica de alimentos y los servicios públicos esenciales.
Con relación a la expectativa sobre el nivel de desempleo, considerado el componente con mayor resiliencia dentro del índice, este sufrió una baja de 14 puntos, retrocediendo hasta los 87 puntos. Este movimiento estadístico desplazó formalmente al mercado laboral a la zona de desconfianza. La encuesta reveló que solo un 22% de los panameños considera “muy probable” encontrar plazas laborales estables, frente a un alarmante 26% que estima que no logrará insertarse en el empleo formal.
El canal de transmisión natural entre el crecimiento del PIB y la confianza del consumidor es el mercado laboral. Cuando una economía se expande a tasas cercanas al 5%, se espera una alta elasticidad empleo-productividad que absorba la mano de obra disponible y eleve los salarios reales. Sin embargo, el modelo económico panameño actual adolece de rigideces estructurales severas. Por ejemplo, la tasa de desempleo total se sitúa en un elevado 10.4%, conviviendo de manera crónica con un índice de informalidad laboral que roza el 49.3% de la población ocupada.
Esta estructura del empleo explica por qué el dinamismo del Canal de Panamá, del Aeropuerto Internacional de Tocumen o de los puertos no se traduce en confianza para el consumidor de a pie. Las industrias logísticas y financieras son intensivas en capital y tecnología, pero demandan un volumen limitado de mano de obra de baja o media cualificación. Por el contrario, los sectores intensivos en mano de obra interna, como el comercio al por menor, la construcción y las actividades agrícolas, muestran una recuperación mucho más lenta y volátil, afectada por las condiciones de financiamiento local y la baja ejecución de proyectos de inversión pública. Unido a lo anterior, el trabajador informal panameño, carente de estabilidad en sus ingresos y de acceso a los mecanismos formales de protección social, reacciona contrayendo su gasto y adoptando una postura de extrema cautela financiera, lo que deprime el ICCP global.
¿Y cómo quedan las expectativas de crecimiento frente a los catalizadores de mediano plazo?
A pesar del debilitamiento del consumo interno, las fuerzas macroeconómicas del sector externo mantienen las expectativas de crecimiento de Panamá en niveles envidiables para el resto de la región. El IMAE, un estimador mensual de la tendencia del PIB, registró un crecimiento interanual del 5.19% en su serie original, acumulando una variación expansiva del 4.8% en los primeros meses del año. Este empuje está fuertemente anclado en la demanda internacional de servicios de la plataforma multimodal panameña, puesto que el movimiento de contenedores en el sistema portuario nacional superó los 6.6 millones de TEU**,** impulsado por incrementos operativos en terminales estratégicas, como la Colón Container Terminal.
A esta resiliencia logística se suma la evaluación gubernamental de un elemento de alto impacto: el futuro del complejo minero de Donoso. El Gobierno Nacional, bajo el liderazgo de los ministros de Economía y Finanzas, Comercio y Ambiente, se encuentra analizando los resultados de auditorías independientes para definir la hoja de ruta de la mina antes de finalizar el año en curso. Por su parte, las agencias calificadoras de riesgo, entre ellas Fitch Ratings, estiman en sus modelos cuantitativos que una potencial reapertura inyectaría de forma inmediata entre 1.5 y 2.0 puntos porcentuales adicionales al crecimiento real del PIB de Panamá. Este incremento no solo robustecería el balance comercial, sino que proveería al Estado de ingresos fiscales corrientes directos superiores a B/. 600 millones anuales, fundamentales para financiar programas de interés social, reactivar la inversión en infraestructura pública e incidir de manera directa en la reducción de la tasa de desempleo abierto.
Considero que, para que las optimistas expectativas de crecimiento del 4.8% proyectadas para el cierre del año se traduzcan en un verdadero desarrollo económico, Panamá debe lograr que los beneficios de sus sectores globales de exportación permeen de forma efectiva las finanzas de los hogares. Solo mediante la estabilización de los precios internos, la mitigación de los choques en los precios energéticos, la resolución institucional de los activos paralizados y la generación de puestos de trabajo formales de calidad a través de megaproyectos de inversión pública, entre ellos los proyectados por la ACP, y de inversión privada, como la reapertura de la mina, se logrará revertir el arraigado pesimismo del consumidor, devolviendo al ICCP a la zona de optimismo y consolidando un modelo de crecimiento económico equitativo, balanceado y verdaderamente sostenible en el tiempo.
El autor es exministro de Trabajo y especialista en Normas Internacionales del Trabajo.
