Después de años en los que el uso de la tecnología se ha incrementado en las aulas escolares, algunos de los países que la han incorporado ampliamente, entre ellos Suecia, han llegado a la conclusión de que los niveles de lectura, matemáticas y, especialmente, escritura han bajado hasta el punto de que diversos estudios aconsejan recuperar los libros físicos y la escritura a mano.
Estudios científicos indican que poner nuestras ideas en papel, utilizando lápices, plumas, etc., ofrece una modalidad adicional de uso del cerebro. Al escribir, no solo plasmamos nuestras ideas en el papel, sino que también las recordamos mejor y las valoramos más.
Como educadora desde hace más de 45 años, he observado que el uso excesivo de tabletas y libros en línea genera una falta de interacción física con el texto. El libro digital se convierte en una actividad más en la que podemos saltar u omitir líneas sin sentir físicamente la interacción con lo que leemos. Leer periódicos y revistas, ya en su mayoría digitales, nos convierte en sujetos pasivos en nuestra actividad lectora.
Eso no quiere decir que no podamos leer textos digitales ni que dejemos de utilizar la inteligencia artificial, pero los niños de primaria necesitan mantener el contacto con libros y cuadernos. Al incrementar el uso de la inteligencia artificial, que está aquí para quedarse, debemos enseñar a nuestros jóvenes de secundaria a utilizarla como una herramienta y no como un sustituto de su creatividad e imaginación. También debemos enseñarles a usar estas herramientas éticamente, sin plagiar ni copiar información que no ha sido verificada apropiadamente.
El gobierno de Suecia ha decidido reforzar el uso de libros de texto físicos, lápiz y papel, además de los cuadernos, para mejorar los niveles de lectura. La crítica fue instantánea, ya que algunas empresas y voces vinculadas al sector tecnológico reaccionaron argumentando que, sin tecnología, los niños tendrían problemas de empleo en el futuro. En un país donde la tecnología es avanzada y ha sido parte esencial de la educación desde 2010, incluso en los centros preescolares, resulta interesante observar que, al medir los niveles de lectura, no está claro que una mayor digitalización haya producido mejores resultados.
En mi opinión, como educadora, he visto que no hay nada que reemplace la buena enseñanza, la instrucción directa y una enseñanza activamente estructurada. Creo también que la tecnología debe ser una herramienta y nunca un reemplazo de la instrucción directa.
Asimismo, debemos inculcar, tanto en casa como en las escuelas, el amor por la lectura de una manera activa y dinámica, para formar personas capaces de desarrollar un pensamiento crítico e investigativo, esencial para distinguir información, analizarla y convertirse en lectores competentes y, posteriormente, en mejores profesionales.
La autora es educadora.

