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El ‘missing middle’ del ‘missing middle’

El ‘missing middle’ del ‘missing middle’
CORPRENSA//ELYSÉE FERNÁNDEZ//  22-6-2023// JUNIO // PANAMÁ// HISTORIAS DE EXITOS , MUJERES EMPRENDEDORAS. Historia de Lizy Valdés que tiene su fonda de comida criolla y centroamericana ya casi un año lleva con su emprendimiento llamado Majoli ubicadi en la Vía Tocumen entrando hacía Mañanitas.

Crear una empresa es difícil. Crear una empresa que, además de sostenerse financieramente, nazca para resolver un problema social o ambiental es todavía más complejo.

En Panamá estas empresas existen. Durante el último año acompañé a más de veinte y conversé con más de 150 personas interesadas en construir empresas sociales. Encontré iniciativas vinculadas con inclusión, educación, acceso a oportunidades, protección ambiental y fortalecimiento de comunidades.

No son proyectos aislados ni empresas convencionales con una causa añadida. Son negocios con alma: organizaciones cuya actividad económica surge precisamente para responder a un desafío que afecta al país, a una comunidad o al planeta.

Son modelos híbridos. Venden bienes o servicios, generan ingresos, empleo y actividad económica, pero también producen valor social o ambiental. Pueden complementar respuestas públicas, acercar soluciones a poblaciones desatendidas, prevenir problemas futuros o introducir innovaciones donde los mecanismos tradicionales no han sido suficientes.

Por eso, su aporte no debería medirse solamente en ventas o rentabilidad. También deben demostrar su adicionalidad: qué cambio ocurrió gracias a su intervención y qué habría sucedido sin ella.

Pero demostrarlo cuesta.

Estas empresas deben vender, administrar recursos, sostener equipos y construir modelos capaces de sobrevivir. Al mismo tiempo, necesitan recopilar información, medir resultados y explicar su impacto ante clientes, gobiernos, organizaciones, financiadores e inversionistas.

El dinero es importante, pero no necesariamente tiene que ser su propósito. Sin embargo, sí debe ser el habilitador para que ese propósito crezca y trascienda.

Aquí aparece el llamado missing middle, o brecha de financiamiento: empresas cuyas necesidades ya no encajan en los apoyos más pequeños, pero que todavía son demasiado jóvenes, pequeñas o riesgosas para la banca y ciertos fondos de inversión.

Muchas necesitan capital para contratar personal, desarrollar tecnología, validar productos, fortalecer procesos y abrir mercado. Sin embargo, se les exige haber alcanzado esas capacidades antes de recibirlo. El entorno espera que demuestren que pueden sobrevivir para apoyarlas; ellas necesitan apoyo para sobrevivir y demostrarlo.

Esta brecha puede coincidir con otras. Una empresa puede atravesar el valle de la muerte porque sus ingresos todavía no cubren la operación. También puede enfrentar el pioneer gap, o brecha pionera: debe validar una solución innovadora, educar a sus clientes o incluso construir un mercado que todavía no existe, pero aún no genera la tracción que esperan los inversionistas.

Las empresas sociales están especialmente expuestas a vivir todas estas brechas al mismo tiempo. Deben probar el producto, el mercado, el negocio y el impacto. Surge entonces una paradoja adicional: se les pide evidencia para acceder al financiamiento, aunque necesitan financiamiento para construir esa evidencia.

Este es el missing middle del missing middle.

Para algunos inversionistas son demasiado sociales. Para ciertos actores filantrópicos, demasiado comerciales. Para la banca, demasiado riesgosas. Y para algunos fondos, todavía no tienen suficiente escala o tracción.

Sin embargo, no estamos hablando de un sector marginal. Se estima que existen alrededor de diez millones de empresas sociales en el mundo, que generan cerca de dos billones de dólares en ingresos anuales y alrededor de 200 millones de empleos.

El mundo está cambiando y también la forma de hacer empresa. Cada vez existen más retos sociales y ambientales, pero también más personas dispuestas a convertir esos retos en soluciones sostenibles.

Lo que necesitamos no es obligar a estas empresas a encajar en mecanismos creados para modelos convencionales. Necesitamos desarrollar esquemas de financiamiento, compras, incentivos, acompañamiento y marcos regulatorios que comprendan su naturaleza híbrida.

No necesitan únicamente admiración por su propósito. Necesitan clientes, contratos, capacidades, evidencia y capital adecuado.

Apoyar una empresa social no es subsidiar un negocio incapaz de sostenerse. Es invertir en una organización que puede fortalecer la economía mientras contribuye a resolver problemas que también afectan al Estado y a la sociedad.

Cerrar esta doble brecha exige mejores puentes entre el propósito, el mercado, las políticas públicas y el financiamiento. Tengo claro que, cuando una empresa social logra permanecer y crecer, no está creciendo solamente la empresa; también está creciendo una solución que el país y el mundo necesitan.

La autora es ingeniera química, emprendedora y especialista en fortalecimiento, sostenibilidad y medición de impacto de empresas sociales. Miembro del Centro de Innovación de Ciudad del Saber y la Red de Impacto de Latinoamérica.


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