Los diputados más criticados y menos creíbles de la Asamblea Nacional pretenden que, en un proyecto de ley en el que se propone castigar con cárcel al que use inteligencia artificial (IA) para denigrar y mentir en redes sociales, se introduzcan asuntos ajenos a este debate, ya superados.
Al margen de la discusión del uso de la IA —que merece un análisis profundo—, algunos diputados pretenden derogar la prohibición que hace posible la crítica a los funcionarios sin temor a una querella penal por calumnia e injuria. “Los quiero ver presos”, advirtió uno de ellos, mientras que otro, conocido no por su actuar patriótico precisamente, lo respaldó.
El mensaje iba dirigido a los comunicadores sociales. No cabe duda de que estas manifestaciones son el inicio de otro intento de limitar la libertad de expresión, así como la libertad de prensa. Aun ejerciendo estas, resulta difícil conocer sus actuaciones oscuras o irregulares; sin ellas, nos convertirían en un estado fallido precisamente por la falta de control público sobre sus desmanes. Ambas libertades costaron vida y sangre a los panameños. No podemos permitir que nos las limiten y mucho menos que nos las arrebaten.

