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Iniciar alimentos al bebé no es una competencia

Iniciar alimentos al bebé no es una competencia

Alimentarse o comer tiene un propósito fundamental: sostener funciones para vivir y sobrevivir mediante la ingesta de alimentos, tan primitivo como el propósito de preservar la humanidad mediante la reproducción, para lo cual la sexualidad es el instrumento encriptado en el cerebro primitivo de los humanos, que controla el comportamiento sexual y el de la alimentación. Los alimentos son entendidos por el cerebro como necesarios para preservar la salud y la vida. En otras palabras, la cocina y la habitación son testigos de propósitos humanos vitales que se cuecen en el cerebro desde los tiempos más primitivos.

Naturalmente, para alimentarse es necesaria la integración de una serie de órganos y sistemas, que no se alcanza solo porque existan algunas estructuras o el acumen de células que forman estructuras, por ejemplo, la boca o el intestino. Además de la boca y las encías, está la saliva; además del esófago, el estómago y los intestinos, están las enzimas y hormonas para la digestión y la propulsión de los alimentos a lo largo de todo el tracto gastrointestinal, gracias a la función muscular en él, conocida como peristaltismo. Entonces, estamos de acuerdo en que se requiere la maduración de todos estos elementos para iniciar alimentos sólidos al bebé, quien solamente ha estado tomando leche, si queremos que la digestión sea fácil y que los nuevos alimentos no produzcan malestares ni enfermedades.

Lo que no es necesario es el apuro, el entusiasmo parental no sincronizado con la capacidad funcional del niño, el consejo “por experiencia” cuando escasea el conocimiento y sobra densidad humana alrededor, y mucho menos la promoción comercial de unos y otros.

Los resultados de investigaciones de muchos años y épocas sugieren desde hace algún tiempo —y no es algo desconocido— que los alimentos sólidos en los niños se pueden introducir entre los 4 y los 6 meses de edad. La Academia Americana de Pediatría sugiere que sea “preferiblemente a los 6 meses de edad”. No dice que a los 3 meses o en la primera semana de vida. También dice que, cumplidos los 6 meses, la alimentación del bebé exclusivamente a base de leche, ya sea materna o de fórmula maternizada, no debe promoverse porque ni la leche humana ni la de vaca o de cabra son suficientes para alcanzar los requerimientos y necesidades nutricionales que garanticen un crecimiento y un desarrollo sanos.

Lo que conocemos recientemente es que la introducción tardía de ciertos alimentos, una práctica de muchos años, no favorece la tolerancia a ellos y que quizás sea mejor introducirlos “más temprano”, lo que no es lo mismo que hacerlo en el cunero de una sala hospitalaria de recién nacidos ni en la cuna de un bebé normal que ni siquiera sostiene la cabeza o el tronco. Es el caso de alimentos alérgenos como el maní, el huevo, algunas legumbres ricas en gluten y la leche de vaca o de cabra.

El estudio histórico sobre la asociación de la alergia al maní con la edad a la cual se inicia su ingesta en niños judíos que consumen maní en gran cantidad (niños criados en Israel) y niños judíos que no ingieren maní (niños criados en el Reino Unido) fue liderado por George Du Toit, quien concluyó que los niños judíos criados en el Reino Unido presentaron una prevalencia de alergia al maní 10 veces superior a la de los niños judíos criados en Israel. Con este estudio se cuestionó si la introducción temprana del maní en la alimentación infantil, en lugar de evitarlo, podría prevenir el desarrollo de alergia al maní. Muchos estudios han confirmado esto.

Una reciente publicación de un ensayo prospectivo en Australia reveló que las guías dadas a los padres sobre la introducción más temprana de maní, huevos y leche de vaca redujeron la prevalencia de alergias a estos alimentos. También es necesario conocer la primera revisión sistemática que revela una baja evidencia de que las proteínas en la leche materna medien reacciones alérgicas en los bebés alimentados con ella. Es decir, es muy infrecuente encontrar bebés alérgicos a la leche materna, excusa frecuente para explicar los llamados “cólicos” de los bebés durante los primeros meses de vida.

Mi consejo es que se introduzcan alimentos sólidos entre los 4 y 6 meses de vida, preferentemente a los 6 meses, y que no se tema ofrecer un dedo materno embarrado de maní para que su bebé lo chupe, tan temprano como al iniciar los alimentos sólidos. Este es el momento de determinar si existe algún alimento que no deba darle a su bebé. Hay diversas formas de probar la tolerancia y seguridad de diversos alimentos para alimentar a su bebé. Diviértase y no olvide que usted lo alimenta y él o ella explora.

El autor es neonatólogo y pediatra.


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