Hay una reflexión de Graciela Montes que he citado en otras ocasiones para referirme a la literatura infantil. En su libro La frontera indómita, Montes nos dice que el bosque nos hace falta, al referirse a la ronda que en algún momento todos hemos jugado: “Jugaremos en el bosque, mientras el lobo no está...”
En la ronda, lo diferente, lo desconocido, lo inquietante está escondido en el bosque. Cuando finalmente sale el lobo, todos corren y el juego termina cuando este atrapa a alguno de los jugadores. Este principio de incertidumbre es una de las bases de la creación para niños: lo importante no son las certezas, sino las incertidumbres de saber qué hay en el bosque, qué se esconde en los cuentos, qué pasará en la siguiente página.
Algo similar sucede con los cuentos del libro Jugaremos en el cuento mientras rondan las rondas, de Evelyn Lozano Pinzón, obra que mereció el Premio de Literatura Infantil Carlos Francisco Changmarín, que organiza el Ministerio de Cultura, y que se presentará el martes 25 de agosto en la Feria Internacional del Libro, en el salón Bejuco-Chocoe.
El bosque aparece como una metáfora en algunos de los cuentos de la colección de este hermoso libro, ilustrado por Andrea Ríos Lozano, Monica Ríos Lozano y Dimas Ríos Lozano, los hijos de la autora. La obra se une al corpus de la literatura infantil que rescata las rondas y las canciones de nuestra tradición oral. Con este aporte, Evelyn Lozano se une a autores como Héctor Collado, Lil María Herrera y Marta Noemí, que han escrito cuentos y poemas para rescatar los juegos tradicionales.
A través de sus historias, descubrimos a un lobo amigable que prefiere las frutas y la miel; un pueblo que recupera la lluvia gracias a la esperanza colectiva; un joven león que supera sus dificultades de lenguaje; y la forma de vencer los miedos, entre otros elementos. La obra aborda de forma sencilla temas profundos como la solidaridad, la unidad, la cooperación y la memoria perdida. Cada historia toca valores como la amistad, la perseverancia y el respeto por la naturaleza.
El libro nos recuerda canciones como “Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva...”, “Aserrín, aserrán, los maderos de San Juan...” o “Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña...”. Precisamente, la tela de la araña aparece en uno de los cuentos como una metáfora de la unidad y la creatividad, para sugerir que siempre habrá formas creativas de construir puentes y seguir caminando.
Volvamos al bosque. El bosque es otro personaje en los cuentos. Es el vínculo que nos acerca a la naturaleza para que podamos recuperar nuestra relación con el medioambiente. Los componentes principales que dan vida a las historias nacen del agua, del corazón de las cosas cotidianas, de las relaciones de amistad; todo se teje desde la naturaleza y su vínculo misterioso con la humanidad.
Las dudas de un pueblo que ha perdido la esperanza, la memoria de un abuelo pescador, los poderes de la palabra para perder el miedo y ganar confianza, las nociones de compasión y agradecimiento, el juego como resolución de conflictos, la unidad y la esperanza activa desde los coros y voces que rescatan la tradición: todas son categorías de incertidumbre.
En este racimo de cuentos que Evelyn Lozano Pinzón nos ha regalado, el principio de incertidumbre aparece como un proyecto de vida. Desde un lobo que no comprende por qué la gente se esconde hasta un pueblo que ha perdido la esperanza de sembrar semillas porque no llueve, pasando por una manada de elefantes que migra porque la codicia ha devastado su hogar, las memorias perdidas de un viejo marinero que vuelve a mirar el horizonte, un escarabajo artesano estresado que es salvado por la amistad o los miedos que habitan en una mochila, en todos los relatos la incertidumbre aparece como una propuesta para la esperanza desde la colaboración que fomenta la confianza y la fe.
Los cuentos de Evelyn Lozano Pinzón, aunque escritos para niños, ofrecen a los adultos un espejo profundo de sus propias preocupaciones: la crisis ecológica que nos exige soluciones colectivas; la sequía y el agotamiento de los recursos, que solo se revierten con la acción compartida; la memoria y los sueños de la infancia, que pueden rescatarse a través del vínculo generacional para sanar el olvido y el envejecimiento; el estrés laboral y el perfeccionismo, que nos enferman en una sociedad de prisas; y, finalmente, los miedos de la infancia, que nos enseñan a combatir los miedos adultos en una realidad llena de tensiones sociales.
Los cuentos de Evelyn nos ayudan a recuperar la memoria cultural, la tradición, la curiosidad y la esperanza que los adultos solemos descuidar. Son cuentos para cantar y recordarnos que la vulnerabilidad es también fuerza, que la incertidumbre puede hacernos solidarios y creativos, y que aún hay tiempo de ponernos en paz con la naturaleza.
El autor es escritor.

