Son las 6:30 de la mañana, en una casa en la Panama.
Una mamá intenta vestir a su hijo para ir a la escuela. La etiqueta de la camiseta le incomoda; el sonido del cepillo de dientes lo altera; el desayuno que ayer aceptó hoy ya no es una opción. Entre intentos, pausas, contención emocional y el reloj que no se detiene, la rutina más simple se convierte en un desafío.
No hay berrinche. No hay capricho. Hay un niño procesando el mundo de una manera distinta. Y hay unos padres aprendiendo, muchas veces sin guía suficiente, a acompañarlo.
El diccionario de la Real Academia Española define criar como la acción de instruir y educar a un niño. La crianza es nuestra oportunidad de ser padres, cuidadores y guías, brindando a nuestros hijos la posibilidad de alcanzar un desarrollo emocional y cognitivo equilibrado.
Abrimos la puerta a su bienestar acompañando su desarrollo biológico y social, ofreciendo, de manera ininterrumpida, seguridad y protección. Al tener hijos elegimos ser padres, y nuestro acompañamiento marcará su camino para siempre.
La educación, por otro lado, es una disciplina científica que estudia los métodos de enseñanza y aprendizaje; se aplica en distintos contextos, instituciones educativas o grupos sociales, siguiendo determinados objetivos y transmitiendo conocimientos, valores, habilidades, creencias y hábitos.
Educan profesionales idóneos; los padres criamos. Es la tarea más importante de nuestra vida: desafiante, hermosa y cargada de amor.
No lo hacemos solos. Lo iniciamos, en primera instancia, junto al compañero que elegimos, con quien comenzamos el camino de la gestación de un hijo; y, en ese recorrido, se suman familiares, vecinos, amigos y conocidos. Todos participarán de esta crianza en mayor o menor medida.
Hoy en día, este maravilloso proceso está bajo una lupa. Existen métodos, ayudas, libros, información y opiniones provenientes de amistades, abuelos, internet e influencers.
Los padres de esta época están sumergidos en una vorágine de información que, al mismo tiempo, ayuda y dificulta el proceso de crianza. Nuestros padres y abuelos nunca fueron tan cuestionados ni de manera tan directa. En realidad, la autoridad parental rara vez era puesta en duda.
Hoy nos cuestionan las redes, las leyes, los familiares y los amigos; incluso, a veces, la mirada silenciosa de otra madre que, en su propio silencio, también busca apoyo.
Y aun así, también convivimos con normas legales y convenciones internacionales que fiscalizan esta tarea.
Como vemos, en nuestros hogares conviven una serie de fenómenos que me recuerdan la canción infantil “Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña”; como veía que resistía, fue a buscar a otro camarada.
Bueno, así estamos cuando hablamos de crianza. Empecemos a contar elefantes… y no importa el orden: siempre están allí.
En este mundo congestionado y acelerado en el que vivimos hoy, inicia esta historia cuando llega el tan esperado —y algunas veces no tan esperado— bebé. Y así de rápido se subieron los primeros elefantes a nuestra telaraña y, para nuestra sorpresa y sin aviso, aparece un elefante muy pesado: un niño neurodiverso.
Muchos expertos —especialistas y, a veces, no tanto— indican cómo enfrentarlo. Aparece mucho ruido en el hogar; culpas y miedos se suben a nuestra telaraña y, ¿saben algo?, ¡nosotros también necesitamos ayuda! Pero hay listas de tareas pendientes, visitas médicas, exámenes, medicaciones y terapias, y vamos postergando la tarea principal: la crianza de papá y mamá.
A nuestro ya cuestionado derecho a amar a nuestro bebé se unen complicadas tareas diarias… y la telaraña se sigue llenando. Y como también nos acompañan —y opinan— convenciones internacionales, políticas públicas y metodologías de intervención, se abrió una autopista de seis carriles y, con ella, la mágica puerta de la inclusión, colocando un peso extra sobre los padres y el sistema social.
Ahora hay aún más oportunidades y, por supuesto, más tareas.
Dentro de este marco, criar se ha vuelto una tarea compleja. Educamos en la escuela; criamos en los hogares. Pero aparece un punto importante: vivimos en hogares muy complejos, con madres o padres solos, muchas veces sin verdadero soporte, pues las familias se encuentran cada día más fragmentadas.
A estas situaciones se une la presión social de vivir bajo una lupa, y nos siguen llegando elefantes: la tecnología y la alimentación, que ahora descubrimos que también causan dificultades a nuestro niño neurodiverso. En ese laberinto, las familias hacen lo mejor que pueden para encontrar salidas y transitar, con amor, el día a día junto a sus hijos.
En este complejo momento histórico, los padres se encuentran en el ojo de una tormenta, tratando de hacer lo mejor posible con lo que tienen, con el conocimiento y las reglas con las que fueron educados, mientras se enfrentan a un nuevo mundo.
Deben buscar nuevas herramientas para enfrentar estos desafíos, encontrando sus propios balances entre valores, principios y la realidad que enfrentarán sus hijos, para que así ellos puedan transitar sus propios caminos.
La autora es doctora en patología de la comunicación humana.


