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Las primeras miradas que moldean la vida

La importancia de los vínculos tempranos en el desarrollo emocional

Las primeras miradas que moldean la vida
Imagen conceptual elaborada con asistencia de IA (OpenAi).

En el marco del Primer Congreso Panameño Internacional de Psicoanálisis ‘Eros y Psicoanálisis’, organizado por la Asociación Panameña de Psicoanálisis, compartimos esta reflexión sobre la importancia de los vínculos tempranos y su impacto en la salud emocional a lo largo de la vida.

Cuando pensamos en el futuro de un niño, solemos imaginar su educación, su salud física o las oportunidades que tendrá en la vida. Sin embargo, existe un componente esencial, aunque menos nombrado, que comienza a construirse desde los primeros días de vida y que influye profundamente en su bienestar emocional, en la manera en que se relacionará con los demás y en su capacidad para afrontar los desafíos de la vida: el vínculo temprano con sus cuidadores.

Desde sus orígenes, el psicoanálisis ha puesto énfasis en comprender aquellos aspectos de la experiencia humana que no siempre resultan evidentes a simple vista. Entre ellos, ha estudiado cómo las primeras experiencias de cuidado dejan huellas profundas en la constitución de la vida psíquica. Los bebés no solo necesitan alimento, abrigo y cuidados físicos; también necesitan ser reconocidos emocionalmente por quienes los rodean.

Desde las primeras etapas de la vida, el ser humano comienza a construir una imagen de sí mismo a través de la mirada y la respuesta de los otros significativos. Cuando un bebé es atendido, consolado, comprendido y acogido en sus estados emocionales, desarrolla progresivamente la sensación de que existe para alguien, de que sus necesidades importan y de que puede confiar en que será cuidado.

A través de innumerables experiencias cotidianas —miradas, abrazos, caricias, palabras, gestos de ternura y respuestas sensibles a sus necesidades—, el niño comienza a desarrollar una sensación fundamental de seguridad, pertenencia y valor personal. Cuando estas experiencias faltan de manera significativa, pueden surgir sentimientos tempranos de soledad, inseguridad o desvalorización que, en algunos casos, dejan una huella duradera.

El psiquiatra y psicoanalista John Bowlby planteó que los seres humanos nacemos con una necesidad biológica de establecer vínculos cercanos con quienes nos cuidan. Cuando esos vínculos son consistentes y sensibles, el niño desarrolla lo que se conoce como apego seguro: una base emocional desde la cual puede explorar el mundo, aprender y crecer con confianza.

Por el contrario, cuando las experiencias tempranas están marcadas por la inconsistencia, la ausencia emocional, el rechazo o la falta de disponibilidad afectiva, el niño puede experimentar sentimientos profundos de soledad o desvalorización. Estas vivencias pueden incorporarse a su manera de verse a sí mismo y dificultar, posteriormente, la confianza en los demás, la regulación emocional o la construcción de vínculos estables. Aunque estas experiencias no determinan el destino de una persona, sí pueden influir significativamente.

Por eso, hablar de la salud emocional de los niños es también hablar del bienestar de quienes los cuidan. Madres, padres y cuidadores no necesitan ser perfectos. Como señaló el pediatra y psicoanalista Donald Winnicott, lo que los niños necesitan es una “madre suficientemente buena”: una figura capaz de ofrecer protección, afecto, disponibilidad emocional y también de reparar los inevitables errores que forman parte de toda relación humana.

Invertir emocionalmente en los primeros años de vida no es únicamente una responsabilidad familiar; es una inversión social. Cada niño que crece sintiéndose seguro, valorado y sostenido tiene mayores posibilidades de desarrollar empatía, resiliencia y bienestar emocional a lo largo de su vida.

Porque, antes de aprender a caminar, hablar o leer, todos aprendemos algo esencial: si el mundo es un lugar seguro al que vale la pena acercarse y si somos dignos de amor, cuidado y reconocimiento.

En esta oportunidad contaremos con destacados psicoanalistas nacionales e internacionales para profundizar en este tema y muchos más durante este congreso, que se realizará los días 3 y 4 de julio en el Hotel Miramar. Será un espacio de reflexión y aprendizaje sobre los desafíos vinculares de nuestro tiempo.

La autora es psicoanalista APAP.


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