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Madres: necesitamos ser escuchadas y comprendidas

A propósito del caso Lindsay Clancy

Madres: necesitamos ser escuchadas y comprendidas
El juicio contra Lindsay Clancy ha generado mucha atención mediática en EE.UU. / Getty Images

Hace unos días llegó a mi consulta Mari, una nena de 5 años, para su control de salud. Ninguno de los temas que preocupaban a su mamá, Carina, era grave desde el punto de vista médico. Pero para ella sí lo eran. Hablamos cerca de 40 minutos. Al final, Carina me miró a los ojos y me dijo: «Doctora, gracias por este espacio. Es la primera vez que me siento escuchada y comprendida».

Sus palabras se quedaron conmigo. Me recordaron que mi trabajo como pediatra no es solo cuidar niños: es comprender a familias enteras; que mirar a los ojos, escuchar con atención y responder con empatía puede ser, en sí mismo, un acto terapéutico.

Esta misma semana, un jurado en Massachusetts delibera sobre el destino de Lindsay Clancy, la enfermera de labor y parto que en enero de 2023 estranguló a sus tres hijos —Cora, de 5 años; Dawson, de 3; y Callan, de 8 meses— antes de intentar quitarse la vida.

Mientras escribo estas líneas, el veredicto aún no se conoce. La defensa sostiene que Lindsay padecía una severa psicosis posparto y que no era penalmente responsable de sus actos; la fiscalía sostiene que sabía distinguir entre el bien y el mal y que actuó de manera deliberada. Lo que sí sabemos es que, en los cuatro meses previos a la tragedia, recibió más de 30 prescripciones correspondientes a 13 medicamentos psiquiátricos distintos, indicados por diferentes profesionales.

Lindsay no era una desconocida para el sistema de salud: era parte de él. Trabajaba como enfermera de labor y parto en Massachusetts General Hospital. Buscó ayuda una y otra vez. Fue atendida por médicos, psiquiatras y terapeutas. Y, aun así, toda esa atención no logró evitar la tragedia.

Escuchando una reflexión de la doctora Kathy Nickerson, psicóloga, sobre por qué el sistema de salud mental en Estados Unidos falla tan seguido, identifiqué tres ideas que me parecen universales y que se aplican también a Panamá. Primero, el tiempo: el sistema premia el volumen de pacientes atendidos, no la calidad del cuidado, y pensar bien un caso complejo requiere un tiempo que muchas veces no está remunerado.

Segundo, el dinero: son las aseguradoras, y no siempre el criterio clínico, las que terminan decidiendo cuántos pacientes debe ver un profesional al día para obtener un salario decente. Y tercero, la fragmentación: distintos especialistas pueden intervenir en un mismo caso sin que necesariamente exista una visión integral del paciente. En el caso de Lindsay, está documentado que recibió prescripciones de múltiples profesionales durante los meses anteriores a la tragedia.

Es tarde para salvar a Cora, a Dawson y a Callan. Y es tarde, también, para devolverle a Lindsay la vida que tenía antes. Pero no es tarde para que estas reflexiones sirvan de algo.

Quiero ser honesta: la inmensa mayoría de las mamás atravesamos algún grado de ansiedad, agotamiento o tristeza después de tener un hijo, y es extremadamente poco frecuente llegar a un extremo como el de Lindsay. Pero muchas cargamos, en silencio, un peso emocional por el que nadie nos pregunta. Vamos al pediatra hablando del sueño y el apetito del bebé, y rara vez alguien nos pregunta cómo estamos nosotras.

La maternidad exige una salud mental fuerte y, sin embargo, seguimos sin construir suficientes espacios donde a las madres se nos permita simplemente decir «no estoy bien» sin miedo a ser juzgadas.

Por eso creo tanto en el valor de esos 40 minutos con Carina. Como pediatras y profesionales de la salud, tenemos la oportunidad y la responsabilidad de mirar más allá del niño y preguntarle a la mamá cómo está ella. Como sociedad, tenemos la responsabilidad de construir un sistema de salud mental que no dependa de la suerte de encontrar, entre múltiples consultas y tratamientos, a alguien que finalmente logre integrar el cuadro completo y decidir el abordaje correcto.

Si eres mamá y sientes que la carga te supera, pide ayuda. No esperes a que alguien más lo note. Y si conoces a una madre reciente, pregúntale de verdad cómo está. A veces, esa pregunta puede cambiarlo todo.

La autora es pediatra.


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