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Padres de familia y violencia escolar

Padres de familia y violencia escolar

Existen muchos factores que han contribuido al incremento de la violencia en las escuelas, pero me voy a enfocar en la influencia de los padres de familia.

Desde el momento en que los padres de familia empezaron a distanciarse de las escuelas y dejaron de apoyar el proceso de formación de sus acudidos, empezó la fractura entre la casa y el colegio.

Hubo un momento que pude vivir en el que los padres de familia apoyaban la labor del docente y lo veían como una especie de padre sustituto.

Hace muchos años, los padres de familia creían en la disciplina escolar y advertían a sus hijos: “Espero que la maestra no me dé quejas de ti”. Pero ahora se han invertido los esquemas, en el sentido de que los padres de familia creen más en la versión de sus hijos que en el informe de los educadores.

Muchos padres de familia, por el nivel social alcanzado y por sus estudios, sienten que saben más que el propio maestro y hasta se creen con derecho a corregir al educador.

En la casa, el docente ha sido desacreditado por el propio acudiente, quien “despotrica” contra él, creando en el alumno una falta de fe y respeto hacia sus docentes.

El concepto tóxico de amor protector también ha influido de manera muy peligrosa, haciendo que padres y madres se vayan a los golpes en el propio colegio por conflictos entre sus hijos.

Ninguno quiere asumir el rol de orientador de sus hijos porque consideran que es una debilidad y que es más viable la acción violenta, que, de acuerdo con muchos, atrae el respeto.

En muchos hogares, en especial en los de padres divorciados, se ha perdido el respeto, al punto de que es mejor celebrar la vulgaridad y los antivalores antes que corregirlos.

Me atrevo a decir que el lenguaje violento, incluso más acentuado en las mujeres, se ha incrementado entre las actuales generaciones de estudiantes.

Si, por un lado, el padre de familia no orienta ni trata de corregir a sus hijos y, por el otro, los docentes se hacen de “la vista gorda”, no vamos a llegar a ningún resultado edificante.

Esa frase irresponsable de profesores ante la mala conducta de los estudiantes, “la vida se encargará de ellos”, es, en realidad, una actitud de renuncia a nuestra labor educativa y encierra también una nula vocación como educadores.

Es verdad que el problema de la violencia en las escuelas es de carácter mundial, pero, si no empezamos a atacar el problema aquí en Panamá, muy pronto se nos escapará de las manos.

Muchas escuelas no cuentan con departamentos de orientación y, si los tienen, son meramente decorativos y no ofrecen resultados.

La gestión de la dirección de las escuelas, con iniciativas para orientar tanto a alumnos como a padres de familia, es también muy importante, y no debe conformarse solo con esperar la quincena o ver, como se dice, “los toros desde la barrera”.

El autor es sociólogo y docente panameño.


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