Exclusivo

Panadería pa’ el rato: una historia que se repite

Panadería pa’ el rato: una historia que se repite
Imagen conceptual elaborada con asistencia de OpenAi.

Queridos lectores y lectoras: quizá algunos sientan que ya habían leído esta historia prenavideña que escribí en 2015 en Caja de Letras. Y tendrían razón. Pero no es simplemente un cuento viejo. Es una “Panadería pa’ el rato”, porque la historia sigue, sigue... y algunas de sus lecciones parecen empeñadas en regresar.

“Érase una vez que la vida de un gran panadero sale a relucir como altruista y gran filántropo porque quiso ayudar a una panadería enorme con el más grande y conocido “pan flauta”. La fiesta de la panadería se extiende a un Programa de Ayuda Nacional. El panadero sabía que, hace muchos años, nació un niño hermoso, y anuncia que el carnaval del pan llegó y muchísima gente lo recibe y lo acepta. Dentro de la harina aparecen millonarias sorpresas. Por eso, a su alcoba “ángeles celestiales” entran, salen y se van con mochilas en sus alas. En otros lares, la lluvia cae a cántaros mientras la cascada sobre el techo anuncia que es de madrugada y que todos esperamos su llegada.

La llegada del pan, no la llegada del Niño Dios. La llegada de un PAN con moho.

Sin embargo, se ven caer pan de rosquitas, pan moña, pan de huevo, pan dulce y la terrible flauta que tocan sin pestañear, porque el dueño de la orquesta lo ordena gritando: “Déjense de babosadas y actúen como yo les ordeno”.

Un llanto de recién nacido se escucha. Cesa la lluvia. Vuelve a llover. Y, en medio de la confusión, el silencio los acompaña. El sol anuncia un nuevo día y los gigantescos hornos no cesan de trabajar.

De pronto, el “buen” panadero se altera porque el PAN se les quemó a todos los involucrados. “Señor —dice el panadero—, sentimos que estás aquí y que, ahora que todo huele a PAN quemado, nos vas a ayudar. ¿No entiendes? Nos vas a ayudar a llevarle el pan a tanta gente humilde”.

La flauta ya no es dulce. Sinecuras nos dieron de comer. Ingenuos e ingenuas las aceptamos. Pero otra es la realidad al lado del panadero y, pidiendo justicia, se escucha a una multitud que grita: “Caiga quien caiga”.

El panadero suplica: “Solo tú conoces la verdad. Solo usted, Señor. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy, con una buena panadería para ayudar al prójimo y que esta sí sea: panadería pa’ el rato”.

Hasta aquí, aquella historia.

La escribí pensando en el Programa de Ayuda Nacional (PAN) -hoy tiene otro nombre- y en una época que dejó demasiadas preguntas, investigaciones y desconfianza. Hoy la recupero no porque pretenda decir que la historia se está repitiendo de la misma manera, sino porque hay algo que sí vuelve una y otra vez: nuestra facilidad para olvidar.

Cambian los nombres y las caras. Cambian las circunstancias. Pero permanece una pregunta que deberíamos hacernos cada vez que una institución pública atraviesa una crisis: ¿aprendimos algo de lo ocurrido anteriormente?

Pensé nuevamente en aquella “panadería” tras la salida de Lucy Molinar del Ministerio de Educación y la llegada de Ventura Vega. No estoy equiparando hechos ni personas. Mi preocupación es otra: la educación panameña no puede vivir permanentemente comenzando de nuevo, dependiendo de quién llegue al despacho ministerial, de las circunstancias políticas del momento o de las controversias que terminen desplazando aquello que debería ser siempre lo principal: nuestros estudiantes.

Vega llega al Ministerio de Educación con formación como maestro de enseñanza primaria, pero con una trayectoria profesional desarrollada principalmente en la administración pública, las finanzas y la política. Su nombramiento, por tanto, vuelve a plantear una vieja discusión: ¿qué perfil queremos para quien dirija la educación panameña?

Y, sobre todo, ¿qué proyecto educativo queremos?

Porque un ministro pasa. Un gobierno también. Los estudiantes permanecen y las consecuencias de una buena o mala educación pueden acompañarlos durante toda la vida.

Panamá ha dedicado demasiado tiempo a discutir nombres y demasiado poco a construir políticas educativas capaces de sobrevivir a esos nombres. Cada nueva administración llega con anuncios, planes, programas y promesas de transformación. Después cambian las autoridades y muchas veces volvemos a preguntarnos dónde quedaron aquellas promesas.

Ese es el verdadero peligro de nuestra “panadería pa’ el rato”: acostumbrarnos a empezar otra vez.

No necesitamos otro PAN con moho ni otra flauta que nos distraiga. Necesitamos instituciones que funcionen, autoridades que rindan cuentas y una educación que no dependa de improvisaciones, intereses políticos o de la memoria corta de los ciudadanos.

Queridos lectores y lectoras, comparto nuevamente esta “Panadería pa’ el rato” para pensar, conversar y, sobre todo, para no normalizar.

Porque las historias del pasado sirven de poco si únicamente las recordamos. Sirven cuando aprendemos de ellas para no repetir los mismos errores con distintos protagonistas.

Una sociedad también se cuida cuando recuerda sus historias.

La autora es educadora.


Última Hora

  • 16:24 Diez días después del terremoto en Colombia, la tragedia sigue entre promesas y escándalos Leer más
  • 16:14 Moderna y Merck se disparan en Wall Street, tras los resultados de vacuna contra el cáncer de piel Leer más
  • 16:13 Panamá espera recaudar $100 millones con Itbms de 7% a compras en Amazon, Temu y Netflix y otras plataformas Leer más
  • 16:05 Arteta, muy cerca de renovar con el Arsenal Leer más
  • 15:41 Veraguas se prepara para el futuro energético Leer más
  • 15:17 Mourinho: ‘Las dudas que tuvo Rodri me generaron dudas a mí’ Leer más
  • 15:15 Solo 4 mil de 20 mil estudiantes pueden votar en las elecciones de la Unachi Leer más
  • 14:55 Libertad Ciudadana pide a Mulino vetar reforma al Reglamento Interno de la Asamblea Leer más
  • 14:50 Botafogo despide al técnico portugués Franclim Carvalho Leer más
  • 14:12 Presunto secuestrador ligado a mafia internacional intentó entrar al país por el aeropuerto de Tocumen Leer más