El clientelismo en la política siempre se ha considerado una práctica nociva para una verdadera democracia.
Muchos candidatos ofrecen desde materiales de construcción y puestos de empleo hasta dinero, por mencionar algunos ejemplos.
Ofrecer algún bien material a cambio del voto es prácticamente comprar la conciencia de la gente.
Lastimosamente, muchas personas caen en este círculo de compraventa por falta de conciencia, y algunas sostienen que lo hacen por necesidad.
Es decir, para lograr sus objetivos, algunos candidatos compran la voluntad y el voto de comunidades enteras.
Esto explica la existencia de caciques políticos que llevan décadas en la Asamblea de Diputados y hasta se dan golpes de pecho por este supuesto logro de hacer fortuna a costa del Estado.
La provincia de Veraguas ha sido considerada durante muchos años como uno de los focos del clientelismo nefasto.
En un tiempo había políticos que, en época de elecciones, ofrecían materiales de construcción, como bolsas de cemento y hojas de zinc, sobre todo en comunidades pobres.
Sin embargo, en los últimos años, algunos candidatos patrocinan fiestas, bailes y cantaderas, con mucho alcohol de por medio y hasta consumo de sustancias ilícitas entre los jóvenes.
Este tipo de prácticas lo único que promueve es el vicio y resalta los antivalores, que para nada contribuyen al bienestar de los jóvenes, pues en dichas actividades nunca faltan las riñas y los actos de inmoralidad.
No obstante, a los políticos que patrocinan dichas “chupatas” entre los jóvenes lo que menos les interesa es la salud mental de la juventud.
Algo muy jugoso debe haber en los cargos de elección popular cuando muchos políticos tiran “la casa por la ventana” en la repartición de guaro en cantidades industriales.
Definitivamente, mientras existan la ignorancia y la falta de conciencia en muchas comunidades, este tipo aberrante de clientelismo perdurará y en nada beneficiará a la construcción de una verdadera democracia.
El autor es sociólogo y docente.


