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Quijano, el poder de un sueño

Quijano, el poder de un sueño
Jorge Luis Quijano administró la Autoridad del Canal de Panamá entre 2012 y 2019. Archivo.

La historia de Panamá siempre ha sido, en el fondo, una historia de voluntades demostradas y de sueños generacionales traídos a existencia. En el devenir de la formación de nuestra nacionalidad de ninguna manera fuimos el resultado de episodios aislados, más bien de un conjunto de decisiones valientes que en su momento parecían desproporcionadas para un país tan pequeño en territorio, pero de capacidades demostradas y elevada autoestima, siempre todas a la altura de su destino.

Dicen popularmente que dato mata relato y así el efecto de demostración habla por sí mismo, ya que a una década de la ampliación, el Canal representa la expresión más clara de esa tensión que desafiaba nuestros propios límites y que en el marco de esta celebración hay nombres que no solo administraron una obra, sino que la sostuvieron cuando la historia les exigió carácter, este es Jorge Luis Quijano.

Porque nada en la ampliación ocurrió por inercia, y antes de convertirse en concreto y acero, requirió gestionar múltiples controversias. Fue una disputa que, aunque legítima ponía en entredicho el destino del país. Sectores influyentes expresidentes, técnicos, sindicatos,

exfuncionarios cuestionaron el proyecto con argumentos que trascendieron lo técnico; colmado de preocupaciones financieras, ambientales e incluso geopolíticas. En esencia, como lo advertían voces críticas de la época, el dilema era más profundo, este era crecer o aceptar el estancamiento como una especie de destino manifiesto. Así lo indicaban estudios y proyecciones, que advertían que el Canal enfrentaba una realidad ineludible ya que su capacidad estaba próxima a saturarse.

No ampliarlo era, en términos estratégicos, renunciar a capturar los flujos crecientes del comercio global. La inacción también era una decisión, y probablemente la más costosa.

Dijo una vez el poeta chileno Pablo Neruda “podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”. Por eso cuando Quijano asume en 2012, y parecía que ese debate ya había quedado atrás superado por un referéndum decisivo, le correspondió atender uno de mayor complejidad, el culminar una obra en condiciones reales de tensión, sin fracturar la institucionalidad que la hacía posible, y entonces bajo su liderazgo, la administración dejó de ser gestión para convertirse en una suerte conducción resiliente que blindó nuestra pretensión de ampliar la obra, me refiero a la crisis de 2014 que marcó un importante punto de inflexión. La paralización de las obras no solo comprometía cronogramas; también comprometía la credibilidad de Panamá.

En ese momento crítico, la respuesta no fue discursiva, fue decisiva, terminar la obra “con GUPC o sin GUPC”, propia de quien prefiere que la historia lo absuelva por haber decidido, antes que lo condene por no haber hecho nada, respuesta que condensó técnica, manejo político y una profunda responsabilidad histórica. Más de 4,200 contratos coexistían en paralelo, en un sistema donde cada decisión podía amplificarse en múltiples escalas, a ello se sumaba un doble riesgo pocas veces concurrente, el tecnológico y el financiero. La ampliación fue un proyecto sui generis, sin parangón alguno, ejecutado sobre una infraestructura en operación, con una arquitectura financiera basada en múltiples agencias internacionales y sin garantía soberana directa. No solo había que construir; cargaba sobre sus hombros la responsabilidad de sostener la credibilidad ante quienes financiaban el riesgo, en un equilibrio delicado entre ingeniería, mercado y el valor intangible de la marca Canal de Panamá.

Un 26 de junio de 2016 a las 7:30 de la mañana cuando el navío Cosco Shipping Panamá asomó su proa en la cámara baja de las nuevas esclusas de Agua Clara, Colón, siendo el buque más grande que hubiese pasado el Canal de Panamá en su historia frente a más de veinte mil panameños que se dieron cita en las nuevas esclusas de Agua Clara, en Colón, y 35 mil en las esclusas de Cocolí, en palabras de Quijano: “Esta es la obra más grandiosa que se ha hecho en un siglo sobre nuestro suelo… no fue un propósito sencillo en el siglo XIX iniciar la construcción de un canal interoceánico… y tampoco fue fácil ampliarlo en el siglo XXI”.

Los resultados lo confirman, el Canal duplicó su capacidad estructural y transformó su modelo de ingresos, generando miles de millones adicionales que hoy sostienen al Estado panameño.

Pero la obra visible no explica por sí sola el legado, detrás de esa conducción hubo también una dimensión invisible, el costo personal que representa liderar en medio de la incertidumbre de tensiones prolongadas, decisiones bajo presión, y una vida familiar que acompaña muchas veces

en silencio el peso de cada resolución. En los momentos más críticos, Quijano pudo entender algo esencial y es que la grandeza de una obra no reside únicamente en su tamaño, sino en la forma en que se gestiona; se trata de razón y corazón, de amor por Panamá, operando juntas para que este esfuerzo monumental de disciplina contractual, comunicación ciudadana y continuidad operativa permitieran a la obra como traje de sastre a la medida hecha por panameños, naciera con legitimidad, bajo un legado que hoy trasciende la ingeniería.

Con esta experiencia hoy a los panameños nos queda claro que el éxito no admite complacencia y que el desafío ya no es la capacidad, es el agua. La ampliación resolvió un problema del siglo XX y principios del XXI; el futuro exige una gobernanza hídrica capaz de sostener la vida, la operación y el desarrollo. El Canal vuelve a situarse, una vez más, en la frontera entre la infraestructura y la sostenibilidad. Pasada una década, Quijano no solo entregó una estafeta que marcaba la nueva era del Canal de futuro, también resguardó la institucionalidad en un momento crucial de la historia pensando en un proyecto más grande, representado en la convicción de un país que decidió no detenerse jamás. Este 26 de junio damos honor a quien honor merece, y a un gran equipo de hombres y mujeres que le acompañaron en esta gran epopeya llamada el Canal Ampliado, en un país como Panamá que decidió convertir una obra en parte de su destino impulsado por el poder de un sueño.

El autor es coordinador de la Memoria Histórica del Canal.


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