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Rachel Carson en nuestra cultura ambiental

Rachel Carson en nuestra cultura ambiental
Imagen en plumilla de Rachel Carson elaborada con asistencia de IA (OpenAi).

La historia del ambientalismo cuenta entre sus grandes eventos la publicación, en 1962, del libro La primavera silenciosa, de la bióloga norteamericana Rachel Carson (1907-1964). Allí, Carson divulgó la información científica necesaria para sustentar la denuncia sobre los riesgos del uso masivo de insecticidas como el DDT en el control de plagas en la agricultura industrial.

Lo hizo, además, de un modo que logró vincular el estado del conocimiento científico ambiental de su tiempo con las inquietudes de una clase media educada que, para entonces, luchaba por liberalizar un entorno político conservador e incidir en el desarrollo de una sociedad democrática.

Ese vínculo de la obra de Rachel Carson con su sociedad nos remite a lo dicho por Antonio Gramsci al señalar que este tipo de eventos expresa cómo “nace un nuevo modo de concebir el mundo y el hombre”, que “no se halla ya reservado a los grandes intelectuales, a los filósofos de profesión, sino que tiende a hacerse popular, de masa, con carácter concretamente mundial, modificando (aun con el resultado de combinaciones híbridas) el pensamiento popular, la momificada cultura popular”.

La primavera silenciosa llegó a su público en las alas de una cultura ambiental que, para 1956, había organizado un simposio internacional dedicado al papel del hombre en la transformación de la faz de la Tierra. Una científica como Rachel Carson no pudo dejar de reconocerse en lo planteado allí por el geógrafo Carl Sauer, al decir que “vivir por encima de nuestros medios se ha convertido en una virtud cívica, y el incremento del ‘rendimiento’ es el objetivo de la sociedad”, para concluir que:

“Los altos momentos de la historia no han llegado cuando el hombre estaba más preocupado por las comodidades y los gozos de la carne, sino cuando su espíritu se vio estimulado a crecer en la donosura. Lo que necesitamos más, quizás, es una ética y una estética bajo las cuales el hombre, al practicar las cualidades de prudencia y moderación, pueda, en efecto, legar a la posteridad una buena Tierra”.

Tales fueron algunos de los puntos de partida en el camino que llevó al ambientalismo a convertirse en un movimiento de masas. Tenemos mucho que aprender de personalidades como esas y del aporte de sus legados para nuestra propia cultura.

El autor es humanista e integrante de Ciencia en Panamá.


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