Panamá pierde suelo. Cada aguacero fuerte en Azuero y cada verano extremo en Veraguas se llevan la capa fértil que nos alimenta. La FAO estima que 27% de los suelos del país presentan algún grado de degradación. Estos suelos producen menos y retienen menos agua. El síntoma es claro: el maíz no rinde, aunque apliquemos más fertilizante. Los potreros se inundan y, a las dos semanas, no tienen pasto. El sedimento amenaza los ríos y el Canal. La causa: suelos enfermos sin carbono.
El carbono orgánico del suelo (COS) es la materia descompuesta de animales, plantas y microorganismos; le da el color negro al suelo y lo convierte en una esponja. Por cada 1% de materia orgánica que aumentamos en una hectárea de suelo, se almacenan 15,000 litros de agua. En el Arco Seco, esa es la diferencia entre cosechar y perderlo todo.
¿Cómo lo perdemos? Con el arado excesivo, la quema de rastrojos y al dejar el suelo desnudo durante meses. El carbono se oxida y se va a la atmósfera como dióxido de carbono (CO2). Pasamos de suelos con 3% de materia orgánica a suelos grises con menos de 1%. En Los Santos hay fincas que pasaron del 2.8% al 0.7% en 40 años. Ahí no hay urea ni fertilizante químico que alcance.
Un suelo con COS mayor de 2% resiste mejor el cambio climático: guarda agua para la sequía, infiltra lluvia y evita la erosión, libera nutrientes lentamente y captura CO2. La iniciativa 4 por mil plantea que subir 0.4% anual el COS compensaría hasta 35% de las emisiones globales. En El Cacao de Capira, los productores eliminaron la quema, sembraron cobertura y, en cuatro años, su COS pasó de 0.9% a 1.7%, mientras que el rendimiento del maíz aumentó de 35 a 70 quintales por hectárea. En Bugaba, potreros con árboles duplicaron su carga animal porque el suelo retiene agua en verano.
La receta es simple: labranza cero, cobertura vegetal, no quemar, rotar cultivos y sembrar más árboles. Recuperar 1% de carbono toma 10 años; perderlo, una sola temporada.
Cada tonelada de carbono que devolvemos al suelo es agua que sembramos, fertilidad que cosechamos y clima que aseguramos. El Estado debe actuar mediante crédito verde y pagos por servicios ambientales. La decisión empieza en cada finca. Porque un país sin suelo no tiene futuro. Y un suelo sin carbono está muerto.
El autor es director del CIAPCP-AIP y profesor especial de la Universidad de Panamá, CRU-Los Santos, para Ciencia en Panamá.


