DESCARO. En medio de la pésimamente gestionada modificación del reglamento interno de la Asamblea, los diputados han inventado una suerte de Ministerio de Obras Públicas, pero gestionado por ellos mismos, con personal y presupuesto propios. Eso no solo violaría las funciones constitucionales de ese órgano, sino que constituye una afrenta contra aquellas instituciones que ya tienen esas atribuciones. Si los diputados quieren trabajar, que atiendan todo aquello que sí es de su competencia, como la ratificación del tratado de extradición con Italia u otros asuntos que llevan años esperando en la Asamblea.
002. Como los diputados van a “gestionar proyectos” en las comunidades, se les ocurrió que para eso tendrán que “apoyarse” en el personal que trabaja en sus despachos. Seguramente se agarrarán de eso para aumentar la planilla y así atender una función que nadie les encomendó, que no les corresponde y para la que, además, no tienen preparación. Después dirán que el problema es la falta de personal.
ENIGMA. La creación de este MOP legislativo implica un gasto que no está contemplado en el presupuesto general del Estado para el próximo año. ¿De dónde piensa esta gente sacar los fondos?
ANTECEDENTE. Ernesto Cedeño recordó que, en 2017, la Corte declaró inconstitucional un decreto de la Contraloría que regulaba la entrega de donaciones y subsidios en la Asamblea. La Corte recalcó que esos desembolsos no tenían respaldo constitucional, legal o reglamentario. La historia se repite ahora que van a “gestionar proyectos”. Que después no digan que nadie se los advirtió.
FRESCURA. El reglamento de la Asamblea ya dispone que los diputados sesionen en el pleno por lo menos cuatro horas al día. Ayer, si acaso, lo hicieron durante 45 minutos. Los ausentes, para sorpresa de nadie, eran el bloque oficialista y sus aliados. No atienden ni sus propios asuntos y ahora quieren arrogarse aquellos que no les corresponden.


