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Valores políticos

Valores políticos
Imagen generada con inteligencia artificial.

En los buenos tiempos, los padres y abuelos de antes, cuando se daban cuenta de una conducta de alguien “mal portado”, no escatimaban en regaños y castigos para cualquiera que no cumpliera las reglas que se inculcaban en el hogar. Hoy día, “no decir nada” ante los “mal portados” parece ser una costumbre perdida. ¿O dejó de ser necesaria? Si bien es cierto que los regaños y castigos no siempre funcionan, se utilizan para diferenciar comportamientos y para no reforzar conductas no deseadas.

La educación en el mundo inicia con la formación académica en los sistemas escolares, pero también se relaciona con los valores y la ética de quienes llevan la batuta de nuestra crianza. Por ejemplo, en la mesa se instruye sobre una serie de “costumbres” que cada cultura tiene y que se inculcan desde pequeños. En cada sociedad existen valores que también se enseñan, mientras que otros se forman con disciplina.

La falta de corrección en las nuevas generaciones puede estar estimulando comportamientos extravagantes y desafíos a las autoridades, así como una mayor simpatía hacia delincuentes de alto perfil. Es un mundo donde “no se corrigen las reglas”, los “rebeldes” se convierten en héroes de películas y quien hace cumplir la ley parece ser el “malo”.

Se puede filosofar sobre valores y culturas, pero en la política parece haberse perdido el sentido de un liderazgo que conlleva disciplina, moral, dignidad, lealtad, empatía, solidaridad, respeto, humildad y sentido de justicia, entre otros valores dignos de imitar. Ahora vivimos una cultura muy alejada de esos principios, donde se exalta el culto a la personalidad, la traición, los intereses personales y el “dinero fácil”, principalmente, sin mucho esfuerzo.

En los momentos electorales resultan atractivos ciertos candidatos, según algunas encuestas, que nos han robado, han sido condenados y se han burlado de la ley. Solo falta que nos digan que los “lavadores” pueden continuar más tiempo sin cumplir penas ni pagar multas. Supongo que ello proviene de hogares donde no hubo corrección, aunque parezca extraña esta relación, y también gracias a la complicidad de nuestra justicia y de los partidos tradicionales. Vivimos en una sociedad donde los castigos no existen para ciertos tipos de delincuentes que han sido servidores públicos, convertidos en malos ejemplos.

Las mentiras, el peculado, el juega vivo, los sobreprecios, los contratos directos a socios y hechos a la medida de sus propias empresas, los favores políticos, criticar a otros y, una vez en el poder, olvidar lo que criticaron, la falta de investigaciones y los oídos sordos ante posibles delitos, las persecuciones y el retraso en los pagos a los contrincantes, así como los conflictos de interés que no se aplican a ellos y el uso de la “justicia” como instrumento político, entre otros, se incrementan cada vez más en nuestra cultura criolla. Cierta clase de políticos está actuando en contra de la población y ellos continúan porque algunos los apoyan, engañados por su mal trabajo.

La democracia es una pantalla que, se supone, representa un sistema donde prevalece la opinión de las mayorías. Sin embargo, en la política los “valores” no coinciden con el sistema democrático y el lenguaje utilizado ha sido el contrario, al imponerse decisiones alejadas de favorecer a la sociedad. Dentro de la clase política estamos ante supuestos dirigentes cuyos valores y principios están dominados por agendas que no coinciden con los intereses de las mayorías y, lo peor, parece no importarles.

El peligro para nuestro país es que algunos, en su desesperación, continúen con estos comportamientos egocéntricos, sin mirar el futuro que conviene a todos.

¿Cómo pueden representarnos figuras a las que no les importa lo que reciben los jubilados, una educación deficiente, alimentos con precios altos, mientras ellos disfrutan de carros que no pagan impuestos, pueden nombrar a sus familiares, faltar sin que se les descuente el salario, recibir gasolina gratis y una serie de privilegios más? Y después llegan a nuestras calles a pedirnos el voto para su reelección.

Si vamos a elegir políticos que actúan en contra de los intereses de todos, estaremos decidiendo el peor futuro y parecerá no importarnos nada de nuestro país. Luego no nos quejemos cuando la historia se repita otra vez.

El país no se quiere por estar en un Mundial; se quiere cuando buscamos que mejore y cambie lo que no sirve.

El autor es especialista en salud pública.


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