Lorena Domínguez es una esforzada madre soltera. Su eje es su hijo Diego. En su trabajo están sus tres amigas del alma y en la empresa TelBlue conoce a un hombre que parece ser el indicado para recomponer su vida en pareja.
Esa es la síntesis de Señales, ópera prima del director José Luis Rodríguez, escrita por Dorlisse Díaz Vergara y protagonizada por Katia Semacaritt.
El origen de este drama familiar se remonta al momento en que el debutante cineasta ve dos noticias relacionadas con femicidios en un medio de comunicación. Su deseo de ayudar se concentró a través de un relato audiovisual, aunque no sabía si sería un documental o una ficción.
“Tenía clara la voluntad de generar un diálogo colectivo que nos permitiera explorar este escenario social”, anota Rodríguez.
Señales tiene un evidente propósito de sensibilización social en torno a la violencia de género. “Historia y mensaje deben intentar fluir energéticamente, no como complemento, sino como unidad. La historia te aporta el marco narrativo, pero hay un aspecto sensorial que está íntimamente ligado al tono del mensaje”, explica.

Para que el argumento de este thriller y melodrama panameño fuera fiel a la realidad, durante cinco años recibieron el apoyo de Fundagénero, una fundación para la equidad de género.
Para José Luis Rodríguez, lo más importante fue entender “que la violencia da entregables a lo largo del tiempo. A veces de una manera más expedita y otras de forma más lenta y altamente desgastante. En cualquiera de los dos tiempos, el resultado es la reducción del ser a su mínima expresión, hasta lograr aniquilarlo”.
La premisa de Señales es que siempre hay una persona que sospecha que algo no está bien en esa relación de pareja, pero que a veces no actúa con rapidez.
Opina que el cine es un espejo de quiénes somos. “Lo que conocemos como realidad no es más que la proyección de nuestro interior materializado. Y el cine es un magnífico ejercicio de esa realidad sobredimensionada que impacta nuestra sensorialidad”.
El director invita a los espectadores a que, cuando la proyección acabe, recuerden cómo miraban los personajes en diferentes contextos. “En ese ejercicio de observación están las señales”.
La protagonista
Cuando Katia Semacaritt recibió el guion de Señales sintió una responsabilidad “antes que cualquier emoción actoral: sabía que no estaba solo interpretando un personaje, sino representando la experiencia de muchas mujeres que viven esto en silencio. ¿Cómo cuento esta historia sin caer en el morbo, sin revictimizar, honrando lo que realmente se vive?”.
A Lorena Domínguez la construyó desde lo corporal: “¿Cómo camina alguien que ha aprendido a hacerse pequeña? ¿Cómo cambia su respiración cuando siente miedo? ¿Cómo se recompone frente a los demás, aunque por dentro esté rota?”.
Katia Semacaritt trabajó sobre la idea de las señales, los silencios y los detalles que pueden pasar desapercibidos. “Lorena representa a esa mujer que todos conocemos, una amiga, una hermana, una vecina. Ella es, en el fondo, una invitación a mirar con más atención”.
Para Semacaritt, Señales es “una denuncia pública. Es abrir una conversación necesaria, poner sobre la mesa una realidad que atravesamos como sociedad y que muchas veces preferimos no nombrar. Esa conciencia cambió la forma en que abordé cada escena: estaba prestando mi cuerpo y mi voz para que esa denuncia llegara con la verdad y el peso que merece”.
A Katia Semacaritt le encantaría que, luego de salir de la sala de cine, las mujeres “entendieran que lo que les pasa tiene nombre, que no están solas y que pedir ayuda no es debilidad, es un acto de valentía. Y si no está viviendo esa situación, pero conoce a alguien que sí, ojalá la película le dé las herramientas para reconocer esas señales a tiempo y acompañar sin juzgar”.
La guionista
Dorlisse Díaz Vergara y el director José Luis Rodríguez tenían claro que Señales “es una historia de amor, porque el amor es el único antídoto contra la violencia. Y esta historia no va de malos y buenos, va de despertar, de ser capaces de identificar acciones que tenemos normalizadas y no son normales, son actos de violencia. Y si estamos informados, si somos conscientes, entonces podemos ser responsables”, dice la guionista.
Díaz Vergara resalta que el arco narrativo de Lorena plantea que, antes de las confusiones o las contradicciones, está la seducción del hombre violento. Esa fase la define como “el deslumbramiento, es como cuando estás en un escenario y te enfoca la perseguidora, no puedes ver nada más”.
“Hoy día existen muchas evidencias científicas que demuestran el daño biológico que ocasiona la violencia invisible”, indica.
Invita a leer la obra de James Hamilton, Gabor Maté, Bruce Lipton y Mario Alonso Puig, quienes plantean que mente y cuerpo son uno solo. “Todo lo que afecta a la mente, si no se sana, daña nuestra biología y termina generando enfermedades”.
La violencia física es la punta del iceberg. “Escribir una historia es ponerte en la piel de los personajes y es a través de sus emociones que el espectador puede empatizar. Hay una emoción que juega un papel preponderante en poder detectar que algo no va bien en una relación: el miedo. ¿Por qué estoy con una persona que me hace sentir miedo?”.
“La humillación, la desvalorización, el chantaje emocional están arraigados en nuestra sociedad, y no solo entre parejas, también entre padres e hijos, en el trabajo, la escuela… Despertar a esa realidad durante el proceso de investigación fue muy duro”, comenta Díaz Vergara.
El argumento de Señales fue el resultado de escuchar las experiencias de víctimas y a psicólogos, psiquiatras, especialistas en violencia de género y en eventos traumáticos en la infancia. “Existe un patrón y hay fases claras de ‘las señales’ que se van encadenando unas a otras hasta, en algunas ocasiones, culminar con el femicidio”.


