La palabra red alude a un tejido de relaciones de sentidos que nos une como sociedad. Somos nudos de acciones que se construyen en los imaginarios sociales. Somos una red de relaciones de identidad, de cultura y de encuentros con el otro.
La Red Nacional de Orquestas y Coros Juveniles nació desde una pequeña semilla en el año 2010 cuando el maestro Osvaldo Sempris, inspirado por el Sistema venezolano, visualizó la posibilidad de adaptar ese modelo de formación musical colectiva en Panamá.
Las jornadas de fin de semana en Santiago, Azuero, Colón y Chiriquí, se convirtieron en clases regulares con campamentos que reunían a jóvenes de distintas regiones. Así nacía el concepto de la Red Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Panamá del Ministerio de Cultura. Desde el 2016, bajo la dirección del maestro Dino Nugent y posteriormente de la maestra Electra Castillo, el programa, con respaldo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ha impactado a más de 5,000 estudiantes en ocho provincias y una comarca indígena.
La Red es una arquitectura de conocimiento y cultura que demuestra que la música es una forma de transmisión cultural que es un espacio seguro de inclusión y una herramienta poderosa de transformación social. Esto significa que es un proyecto de vida. Una red que teje esperanza.
La Red promueve la cohesión social y la creación de espacios que conectan a las familias y comunidades con el sentido de pertenencia y ciudadanía. Es uno de los programas que, desde nuestra mirada crítica, siembra las bases éticas para una sociedad más justa e igualitaria.
La Red es un refugio simbólico donde los jóvenes de zonas de riesgo y vulnerabilidad social, pueden redireccionar sus posibilidades de oportunidad para canalizar su energía en actividades que ayudan a su desarrollo integral y humanístico. Por eso, podemos afirmar que la Red democratiza las artes y contribuye a reducir la brecha de desigualdad.
La música, en este sentido, se convierte en un acto de justicia social.
En un mundo automatizado donde el rendimiento y el consumo llevan a las personas a vivir esclavos de sus propias manos, manos que ya no piensan ni son creativas porque están entretenidas desplazándose por la pantalla; la música permite a los jóvenes pensar con las manos y crear sentido de pertenencia e identidad. Además, lo que hacen con sus manos les permite resistirse a la lógica de la competencia que hoy día condiciona el acto de creatividad y frena la libertad de pensamiento.
Las manos de los jóvenes crean tejidos musicales y redes de pensamiento que los ayudan a valorar su propia cultura, a sentirse parte de una historia musical que construyen juntos. Este arraigo es fundamental para construir una ciudadanía sólida y comprometida con su entorno.
La Red demuestra que la cultura no es un gasto, sino la inversión más rentable que puede hacer una sociedad. Una Red, como dijimos al principio, cuyo tejido flexible, dinámico y expansivo crea comunidad y conecta con los demás, para crear un relato humano con una trama de relaciones que se fortalecen con el tiempo.
La Red Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles es un ecosistema donde comulgan el talento, la esperanza y el potencial de miles de jóvenes que, sin este refugio simbólico, quedarían al margen de la sociedad. Por lo contrario, se han creado conexiones con comunidades, se han cruzado fronteras geográficas y culturales, y se han generado diálogos constantes entre la tradición y la innovación.
La Red Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Panamá es una apuesta por la vida, por la esperanza y por el poder transformador del arte. En un mundo que a menudo parece atormentado por la división y la indiferencia, iniciativas como esta nos recuerdan que es posible tejer un futuro diferente y de esperanza.

