Los microplásticos están presentes en el agua, el aire e incluso en algunos alimentos que consumimos. Desde hace varios años son objeto de investigación debido a las posibles consecuencias que podrían tener para la salud humana.
Ahora, un nuevo estudio sugiere que los micro y nanoplásticos podrían estar relacionados con enfermedades cardiovasculares, al encontrar mayores concentraciones de estas partículas en la sangre de pacientes que habían sufrido un infarto.
La investigación, publicada en la revista médica European Heart Journal, reveló una fuerte asociación entre la presencia de micro y nanoplásticos en la sangre y el riesgo de sufrir un ataque cardíaco grave. El estudio fue realizado por científicos de diferentes universidades de Italia y analizó a 61 pacientes.
Los investigadores encontraron que quienes habían sufrido un infarto presentaban niveles significativamente más altos de estas partículas en comparación con pacientes con enfermedad coronaria crónica o con arterias sanas. Detectaron microplásticos en el 84% de los pacientes que sufrieron un ataque cardíaco, frente al 32% de las personas con arterias sanas.

El material identificado con mayor frecuencia fue el polietileno, un plástico ampliamente utilizado en la fabricación de envases y productos de consumo cotidiano. Además, los pacientes con infarto presentaban una mayor diversidad de tipos de plástico en el torrente sanguíneo.
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¿Cómo podrían afectar al corazón?
Los investigadores plantean que estos materiales podrían afectar la salud cardiovascular al acumularse en el sistema circulatorio y desencadenar procesos biológicos perjudiciales. Aunque el estudio no demuestra una relación de causa y efecto, la evidencia sugiere que estas partículas podrían representar un factor de riesgo cardiovascular que hasta ahora había sido subestimado.
El estudio señala que los micro y nanoplásticos pueden acumularse en los tejidos vasculares, incluida la sangre que transporta oxígeno y nutrientes al corazón, así como en los depósitos de grasa presentes en las arterias.
Es importante destacar que, aunque los resultados muestran una relación entre mayores concentraciones de micro y nanoplásticos en la sangre y los pacientes que sufrieron un infarto, los investigadores advierten que se trata de un estudio observacional. Esto significa que permite identificar una asociación entre ambos factores, pero no demostrar que uno sea la causa del otro.
En otras palabras, el hallazgo no prueba que los microplásticos provoquen un infarto. Es posible que intervengan otros factores o una combinación de ellos que explique la relación observada. Por ello, los autores sostienen que serán necesarios nuevos estudios para determinar si estas partículas desempeñan un papel directo en el desarrollo de la enfermedad cardiovascular.
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Los investigadores también plantean que estas partículas podrían favorecer el estrés oxidativo, un desequilibrio que puede dañar las células, así como afectar el endotelio, la capa interna que recubre los vasos sanguíneos y ayuda a regular el flujo de la sangre.
¿De dónde vienen estos plásticos?
Un estudio del Instituto Smithsonian, realizado en 2020, estima que cada año ingresan al medio marino entre 4.8 millones y 12.7 millones de toneladas de plástico en todo el mundo. Debido a su geografía y a la interacción con las corrientes oceánicas, Panamá actúa como una “cuenca de captura” de estos desechos marinos en el Caribe.
Por su parte, una investigación de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP) determinó que las mayores concentraciones de microplásticos en el Lago Alajuela se registran durante la estación seca y confirmó la presencia de estas partículas en la cadena alimentaria, específicamente en el tracto digestivo de los peces. Este lago abastece a la planta potabilizadora de Chilibre, que da servicio a casi toda la ciudad de Panamá y al distrito de San Miguelito.
El Smithsonian también señala que, en cuanto a la distribución de los desechos plásticos en el agua, solo el 1% permanece en la superficie, mientras que el 99% restante probablemente se hunde o es consumido por organismos marinos.

Los microplásticos son pequeñas partículas que se generan cuando objetos plásticos de uso cotidiano se desgastan o fragmentan con el paso del tiempo, aunque también pueden fabricarse deliberadamente para incorporarlos a algunos productos industriales o de consumo.
Estas partículas pueden originarse a partir de la degradación de bolsas plásticas, botellas de agua, envases de alimentos, sandalias, ropa sintética y otros artículos de uso diario. Con el tiempo, la exposición al sol, el agua y el desgaste hace que estos objetos se fragmenten en partículas cada vez más pequeñas.
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Debido a su reducido tamaño, los microplásticos pueden dispersarse en el aire, el agua y los alimentos, lo que facilita que las personas estén expuestas a ellos de forma cotidiana, principalmente por inhalación o ingestión.
¿Qué implica para Panamá?
De acuerdo con la cardióloga y especialista en medicina interna Gloria O’Neill De Gracia, la Organización Mundial de la Salud ya reconoce la contaminación del aire como un factor de riesgo cardiovascular, por lo que considera necesario fortalecer las políticas públicas dirigidas a reducir la exposición de la población a contaminantes ambientales.

La especialista señaló, además, que las personas expuestas de forma constante a la contaminación generada por incendios o que viven cerca de importantes fuentes de contaminación atmosférica podrían enfrentar un mayor riesgo cardiovascular, aunque aclaró que esa relación aún debe seguir investigándose.
Aunque considera que los microplásticos “podrían convertirse en un nuevo factor de riesgo ambiental”, fue enfática al señalar que “aún necesitamos más evidencia”.
Mientras la investigación científica continúa avanzando, la especialista recomienda no perder de vista los factores de riesgo ya conocidos para prevenir las enfermedades cardiovasculares, como dejar de fumar, controlar la presión arterial, el colesterol y la diabetes, mantener una alimentación saludable y realizar actividad física.

